jueves, 20 de febrero de 2014

Imperialismo y colonialismo

En la segunda mitad  del siglo XIX, con un sistema económico potente afianzado en el capitalismo gracias al éxito de la Revolución Industrial y con un mapa político nuevo reordenado y estructurado conforme a las necesidades del momento, Europa aparece diseñada como el foco hegemónico del mundo. Las nuevas necesidades económicas y las ambiciones políticas empujarán a los estados a dar un salto fuera de los límites continentales lanzándose a la conquista del mundo. Surge así un nuevo imperialismo, en el que estas naciones intentarán dominar y controlar un imperio mundial bajo la bandera de la modernidad y el control económico.

Enlaces relacionados:
- Imperialismo: la Conferencia de Berlín y los grandes imperios coloniales.
La Segunda Revolución Industrial y el desarrollo capitalista.


 EL IMPERIALISMO 

La expansión de Europa sobre otros continentes y el impacto de esta expansión cons­tituyen uno de los fenómenos claves de la historia contemporánea. Europa exporta hombres, capitales, técnicas hacia otros pueblos, a los que transforma y subordina, al tiempo que la dinámica de la colonización provoca cambios intensos en las metrópo­lis. Esta expansión se da en el último tercio del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con la segunda revolución industrial y el auge del capitalismo industrial y financiero.

China, el pastel de reyes y emperadores, de Henri Meyer (Le Petit Journal, 1898).
Reino Unido (reina Victoria), Alemania (Guillermo II), Rusia (Nicolás II), Francia (alegoría de la República) y Japón (samurái) quieren "repartirse" China.
Fuente: Wikimedia Commons

El imperialismo no era un fenómeno nuevo. Ya en otras épocas (siglos XVI-XVIl) se había producido la presencia de europeos en otros espacios geográficos, pero el imperialismo del siglo XIX vendría a presentar unos síntomas totalmente nuevos. Así, antes se traficaba con los productos de los pueblos nativos; las metrópolis se con­vertían en centros de manufacturas mientras que las colonias aportaban productos de base. Ahora, en cambio, las metrópolis van a introducirse en las colonias, van a organi­zar y desarrollar su producción, creando fábricas, muelles, ferrocarriles, minas... se van a construir sucursales de compañías en las áreas colonizadas, y se van a organi­zar éstas como áreas de divertimento y ocio (por ejemplo, los safaris africanos).

El término imperialista surge en la década de 1840, y ya desde entonces se le ha dado significados muy distintos. Fundamentalmente hay dos tipos de interpretaciones:

  • La visión economicista, que hace hincapié en los factores económicos. Esta inter­pretación fue defendida por Hobson y Conant, y posteriormente por los pensadores marxistas, como Rosa Luxemburgo y Lenin, que escribió una obra titulada "El impe­rialismo, fase superior del capitalismo“. Según esta interpretación, se buscarían, además de la exportación de capitales, nuevos mercados y materias primas.
  • La visión política, que defiende la primacía de los intereses políticos (prestigio, razones estratégicas, ansias de poder, etc.) sobre los puramente económicos. Su principal defensor fue William Langer.
La carga del hombre blanco, caricatura aparecida en The Ram's Horn (1899)

 FACTORES DE LA EXPANSIÓN COLONIAL 

La gran expansión colonial del siglo XIX se produce por una serie de factores que confluyen, según los casos, en mayor o menor medida. De modo esquemático, estos facto­res son los siguientes:

  • La búsqueda de nuevos mercados. A partir de 1873, la coyuntura económica marca una tendencia a la baja y se produce una caída de los precios. Si los precios bajan, hay que vender más para poder ganar al menos igual esto incita a la búsqueda de nuevos mercados fuera de los ya controlados. En este sentido, cada potencia veía la ocupación y reparto del mundo como una necesidad para crear un gran "mercado protegido" que abarcaría diversos climas y tipos de recursos que proporcionarían a la metrópoli materias primas, y donde colocaría sus productos manufacturados.
  • La búsqueda de materias primas con las que abastecer a la industria (algodón, cau­cho, petróleo, cobre…) y de productos destinados a un consumo cada vez más amplio (té, café, azúcar, tabaco, frutos...), por cuya causa los europeas invirtieron capital, organizaron minas, plantaciones, muelles, ferrocarriles, de modo que, el tiempo que obtenían esos productos, transformaron profundamente los territorios ocupados y la vida de sus habitantes.
La Federación Imperial (mapa del Imperio Británico), de Walter Crane (1886)
Fuente: Wikimedia Commons

  • La búsqueda de zonas estratégicas que permitieran el aprovisionamiento, la repara­ción y, sobre todo, el abastecimiento de carbón en una época en que las flotas de guerra lo empleaban como combustible.
  • La equivalencia entre imperialismo y prestigio nacional, que va a provocar una especie de carrera entre los estados buscando una grandeza a través de la cual acreditarse internacionalmente. Al mismo tiempo se ofrecía a los votantes, al pue­blo, la gloria y el orgullo de pertenecer a una gran nación imperial.
  • Factores demográficos. Entre 1850 y 1930 Europa duplica su población, pero al mis­mo tiempo la tecnificación y el maquinismo invaden su industria y destruyen puestos de trabajo. Ambos hechos van a provocar una fuerte presión demográfica, que va a encontrar una válvula de escape en la emigración a las colonias. A lo largo del siglo XIX y principios del XX emigraron cerca de 40 millones de europeos.
  • Factores técnicos. El progreso de los medios de locomoción permite unos transpor­tes más rápidos y baratos. Las grandes compañías navieras se convierten en fuer­tes grupos de presión procolonial, pues necesitan asegurar para sus viajes las es­calas precisas para abastecerse de carbón, agua, etc.
  • La idea de que el hombre blanco, por su superioridad y dominio, tiene como misión el deber de ordenar y civilizar al resto del mundo, llevando a otros pueblos los avances de su civilización y cultura. Uno de los máximos defensores de esta idea fue Rudyard Kipling.
"La carga del hombre blanco", en la revista Judge, por Victor Gillam (1899)
Inglaterra y EE.UU. cargan con el peso de llevar a los pueblos más atrasados a la civilización

  • La misión evangelizadora religiosa, es decir, la idea de extender el cristianismo por África y Asia.
  • El impulso de realizar descubrimientos científicos, de explorar territorios des­conocidos, estudiar flora y fauna nuevas...

Por unas u otras razones, lo cierto es que a partir de 1880 algunos hechos muy con­cretos hicieron posible esta expansión imperialista: una mayor riqueza movilizable, una mejora en las comunicaciones, una mejora en la medicina, una capacidad armamentística por parte de Europa muy superior al resto de los continentes, y una psicología colectiva sensibilizada por la marcha a otros espacios. La civilización europea se extendía así, a la altura de 1900-1914, por todo el mundo, y habría que hablar de una civilización mundial, de una economía internacional y de un proceso por el que ciertas zonas pasaban del neolítico a la revolución industrial en poco tiempo.

 FORMAS DE OCUPACIÓN COLONIAL 

 Podemos distinguir varias formas de ocupación colonial:

  • Áreas metropolitanas: incorporadas constitucionalmente a la metrópoli como partes de ella y, por tanto, no se consideraban colonias. Fue el caso de la Argelia francesa.
  • Protectorados: se utilizaron en áreas donde ya existía una administración organi­zada, a la que se colocaba bajo la tutela del gobierno metropolitano. En ellos se respeta la autoridad local en la gestión de la política interior, pero la metrópoli se reserva el control de la política exterior y del ejército. Fue el caso de Marrue­cos, Túnez o Camboya (protectorados franceses).
  • Dominios: sistema inglés establecido en aquellas colonias que cuentan con una po­blación blanca importante. Los dominios disponen de un gobierno, parlamento y par­tidos políticos propios. La política exterior es dirigida desde la metrópoli. Fue el caso de Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica.
  • Colonias de explotación: pasaban a depender totalmente de la metrópoli. Se consi­deró el sistema indispensable en aquellas zonas que carecían de una fuerte organización política. Fue el sistema utilizado en la casi totalidad de África.
  • Concesiones: se dieron en algunos países demasiado extensos, como China, donde las potencias europeas prefirieron obtener ventajas comerciales, y se instalaron úni­camente en puertos estratégicos, sin intervenir en la totalidad del territorio. Es el llamado régimen de concesiones.

Con estos condicionantes y bajo estos presupuestos, el mundo está listo para ser repartido entre quienes tienen poder.


El imperialismo, 
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