viernes, 16 de noviembre de 2012

Los primeros faraones: fase protodinástica y tinita

Esta entrada se centra en la génesis y nacimiento de la cultura egipcia. Su aparición está fuertemente vinculada a la vida prehistórica que surge a la ribera del Nilo. Este marco geográfico le proporcionará a la cultura egipcia unas señas de identidad que la diferencian de los demás procesos de neolitización que aparecen en la misma época. La formación de la civilización egipcia estuvo fuertemente vinculada a la aparición de un nuevo personaje que surge en esta época: el faraón. En torno a esta figura se agruparán las comunidades agrícolas del Bajo y el Alto Egipto, en un proceso turbulento y poco conocido.

Enlaces relacionados:
- Egipto antes de los faraones.

 EL PERÍODO PROTODINÁSTICO Y LAS PRIMERAS DINASTÍAS (3.200-2.780)  

En la historia de Egipto, hubo épocas en las que la zona no se encontraba unificada bajo un mismo dominio. La primera unificación del país del Nilo se da en torno al año 3.200 a. c. y, a partir de ésta, empiezan a surgir las primeras dinastías de faraones que gobiernan el país. Antes de esta unificación, Egipto vive en lo que llamamos un período predinástico.

La llamada fase protodinástica hace referencia a la época final del mencionado período predinástico y es también conocida como la «Dinastía 0». Aunque de este período protodinástico se conocen pocos testimonios, es de enorme importancia pues constituye la fase formativa de esta civilización tal y como la conocemos. También es el momento en el que el país se unifica y en la que se desarrolla la escritura egipcia. Hay que entender que la unificación del país no es el origen de la civilización egipcia, sino el fruto de la evolución previa de las comunidades que ya estaban asentadas en el Nilo.

Retrato de Horus Escorpión II, gobernante del Alto Egipto,
detalle de la cabeza de maza ceremonial de Hieracómpolis
Antes de la aparición de Egipto como estado faraónico, la zona estaba conformada por dos reinos: uno en el curso alto del Nilo (Alto Egipto) con capital en Nekhen o Hieracómpolis y otro en el curso bajo (Bajo Egipto) con capital en Buto. Estas dos formaciones políticas, que habían alcanzado un grado importante de desarrollo, ubicadas al sur y al norte de Egipto, sufrirán importantes cambios a lo largo de la época predinástica. Finalmente, y tras una serie de acontecimientos aún no suficientemente aclarados, un rey del Alto Egipto conquista el norte y unifica el país. Este rey, cuya figura histórica está poco definida, se identifica con el fundador de la I dinastía: Menes, Narmer o Escorpión.

El Egipto de las primeras dinastías es un trascendental período que conoce el establecimiento de los elementos básicos de la cultura nilótica. Este período, que abarca el reinado de la I y II dinastías, se conoce también como período Tinita por tener su origen en la ciudad de This o Tinis, ubicada en las cercanías de Abydos. El proceso de traslado de la capital desde Hieracómpolis (capital del Alto Egipto) acabó con su establecimiento en Menfis, al inicio de la II dinastía. Este período tinita se inicia con la unificación hacia el 3.100 antes de nuestra era y su desarrollo coincide con la formación y organización del estado egipcio.

Principales asentamientos del Egipto predinástico
Ya antes de la unificación, y según la teoría mayormente aceptada, el territorio egipcio se encontraba dividido en circunscripciones territoriales: nomos o provincias. Los nomos (que en origen se vinculan con superficies de regadío) sufren una importante evolución y transformación a lo largo de la historia de Egipto. Su origen prehistórico se remontaba al eneolítico (edad del cobre) y cada uno de ellos tenía sus propias peculiaridades (su territorio, sus comunidades, su organización social y sus ídolos totémicos, que darán lugar a gran parte de la cosmología y mitología egipcias,...). Debido a sus orígenes relacionados con los recursos hídricos, era frecuente que se enfrentasen por cuestiones relacionadas con los cultivos y las aguas. En época predinástica dos confederaciones de ellos dieron lugar a los reinos del Alto y el Bajo Egipto. Ya en época tinita, el nomo es una simple división funcional administrativa, conociéndose 38 de ellos, número que se incrementó posteriormente. El nomo se designaba según el nombre de su capital de forma que las ciudades más importantes poseían los nomos más extensos.

La unificación de Narmer, tras tomar la zona del Delta, se representó en la Maza y la Paleta del rey, donde aparece con los atributos del Alto y el Bajo Egipto (corona blanca y corona roja). La política cultural en ambas zonas estaba dirigida a un sincretismo y asimilación mutuos. Al empleo de símbolos de ambas zonas como el uso de las dos coronas se unen otros como celebraciones de la unificación o la asimilación de estilos arquitectónicos así como el recurso de las alianzas matrimoniales y los matrimonios mixtos. Algunos de los acontecimientos destacados de esta dinastía son las expediciones a Nubia, el control de los recursos del Sinaí, la elaboración del censo de habitantes o la instauración de la Fiesta Sed. Durante esta I dinastía se consolida la organización de los nomos, con sus nomarcas a la cabeza. En manos de estos reside un poder importante así como en otros altos funcionarios del país, que en muchas ocasiones entroncan con las élites locales precedentes.

Paleta del rey Narmer
La monarquía tenía un destacado carácter militar pues el rey en persona o sus delegados directos participaban en las campañas. Nómadas procedentes de la actual Libia (que buscaban asentarse en el valle y el delta del Nilo), nubios del sur (con quien también se trababan relaciones comerciales) y tribus del este (que pretendían apoderarse de los recursos y minas egipcias) eran algunos de sus más usuales enemigos tras la unificación.

La I Dinastía abarca siete reinados: Aha (reciente y posiblemente asociado a Menes), Djer, Uadji, Udimu, Adjib, Semerkhet y Ka, todos enterrados en la necrópolis de Abydos a los que habría que añadir los posibles casos de regencia. El seguimiento de los reyes de esta época es complejo por varias razones. Por un lado, los vestigios históricos son escasos y tardíos, lo que dificulta su reconstrucción y por otro, la complicada red de titulaturas y nombres de la que hacían gala los faraones ha llevado durante décadas a confundir y despistar a egiptólogos y estudiosos. Existe, además, una dificultad añadida que consiste en la costumbre faraónica de intentar suprimir y eliminar de la historia todo vestigio de aquello contrario a su mandato (incluido reinados de faraones). El resultado es la existencia de multitud de fuentes heterogéneas, difíciles de interpretar, no contemporáneas en muchos casos y que ofrecen informaciones distintas y/o contradictorias (como en el caso de las llamadas Listas Reales). No obstante, el trabajo de historiadores, arqueólogos y egiptólogos ha permitido establecer unas bases sólidas para reconstruir la cronología egipcia, aún en épocas tan remotas.  


Esquema de la Lista Real de Saqqara
La arquitectura funeraria de esta época todavía está en desarrollo, en un estadio inicial (mastabas) aún lejos de las pirámides y del Valle de los Reyes inherentes a la imagen que tenemos de Egipto. El término «mastaba» no es de origen egipcio sino que hace referencia al vocablo árabe que designa estas construcciones y que significa literalmente «banco». Se encuentran ubicadas en la ribera occidental del Nilo, fuera del alcance de las crecidas del río, pues la creencia era que los difuntos viajaban al más allá dirigiéndose a occidente. Su forma sufrió una importante evolución: en líneas generales es troncopiramidal de base rectangular y en épocas tempranas eran construidas con ladrillos de adobe aunque más tarde pasaron a elaborarse en piedra (a partir de la IV dinastía). Las más antiguas, sin embargo, diferían poco de ser meros túmulos de tierra delimitados por muros de adobe. La tumba era excavada en la tierra y sobre la misma se construía el túmulo. La fragilidad del material de las mastabas más antiguas ha dificultado su conservación desde épocas tan lejanas.  

Reconstrucción de una mastaba de la primera dinastía con estelas funerarias en su frente
Sin que conozcamos los sucesos que condujeron al cambio, se instaura la II Dinastía en la que se encuadran los faraones Hotepsekhemui, Raneb, Nineter, Uneq, Senedj, Peribsen, Khasekhem, Khasekhemui (la mayoría de egiptólogos asocian estos dos últimos a un mismo faraón); aunque hay que tener en cuenta que la sucesión enunciada tiene lagunas y períodos poco conocidos. 

En los primeros momentos, conocemos el establecimiento de censos bianuales y la existencia de guerras internas (con Nineter). Con Peribsen, la figura del faraón sustituyó su habitual advocación a Horus por la de Seth, lo que parece indicar que hubo revueltas internas entre el Bajo y el Alto Egipto, y que pasaron a solventarse antes o bajo el reinado del último faraón (quien usa en su serej la advocación a ambos dioses). Además, existen indicios de violencia en estos momentos contra los lugares de enterramiento de sus antecesores y la capital se trasladó a Abydos, abandonándose Menfis. Los últimos faraones conocerán problemas internos y el cambio de dinastía es también confuso. El nombre de Khasekhemui se traduce como «aparición de los dos poderes». Es indicativo de la existencia de problemas entre las regiones.


Serej con advocación a Horus (izquierda) y
con advocación a Seth (Peribsen, a la derecha)


 LA SOCIEDAD Y LA ADMINISTRACIÓN DE LA ÉPOCA  

En esta fase formativa de la historia egipcia se generan modelos que serán característicos de la cultura del Nilo. Los artistas y artesanos del momento serán responsables del diseño, en época tan temprana, de los modelos estéticos que conocemos, creando sofisticadas tradiciones artísticas y culturales que están en la base de la civilización faraónica.

También se perfilan en estos momentos aspectos esenciales de la administración y la sociedad egipcia. La figura del faraón y sus subordinados, los esquemas organizativos, la estructuración territorial, son aspectos que, aunque lógicamente evolucionarán, ya están en desarrollo en momentos tan tempranos.

Tablilla de marfil del faraón Den (Udimu) atacando a sus enemigos y con su serej (arriba), 
en el Museo Británico 
El faraón era una fuerza cuya esencia está tan ligada a la historia egipcia que es imposible entender la una sin el otro. Ya en el Egipto arcaico la figura real había adquirido una gran importancia. El faraón es el estado, representa una monarquía centralizada, basada en el carácter divino del rey. Es el propietario y administrador de todas las tierras del país. A él se dirigen los tributos y las corveas o trabajos gratuitos (en la práctica hay tierras en poder de los templos y de particulares). Su destacado papel social es un reflejo del modelo económico de la economía potámica. El faraón ya en las primeras dinastías aparece vinculado, además de a la conquista y consolidación política del territorio, a las labores de aprovechamiento y recuperación de tierras de regadío: drenaje de zonas pantanosas, construcción de canales, impulso de la puesta en cultivo de terrenos diversos, etc.

El faraón es dios, tiene fuerzas mágicas que se renuevan ritualmente a través de la Fiesta Sed. Esta fiesta era uno de los acontecimientos más importantes del reinado del faraón. A diferencia del rey mesopotámico, el egipcio es un ser divino y no un delegado de dicho poder. Por ello, mientras viva, es el mismo dios. Debido a que físicamente el faraón-hombre iba agotándose por el peso de los años, su fuerza vital debía renovarse mediante los ritos que componen este jubileo real cada treinta años (salvo excepciones). De esta forma, el faraón-dios se regeneraba y podía desempeñar de nuevo su papel. El faraón representa el auge de la civilización, el dominio del egipcio sobre el mundo y por ello, garantiza el orden frente al caos. En este sentido, es el garante de las crecidas del río y de su buen desarrollo.

Dos momentos culminantes de la Fiesta Sed:
el enterramiento de la estatua que simboliza al faraón envejecido
y la nueva coronación del soberano en relieve.
Asume el título de Horus. Se representa como el rey del Alto y del Bajo Egipto, como unificador. Ostenta la alta corona blanca, símbolo del Alto país, y la baja corona roja, insignia del Bajo Egipto. Basa su poder en su carácter religioso y también en el poder coercitivo, en el control militar. La política de alianzas y diplomática se plasma en los enlaces matrimoniales entre príncipes del Norte y el Sur, así como en la construcción de templos dedicados a las divinidades locales.

Evolución de las coronas de Egipto antes y después de la unificación
Con respecto a la Administración, su misión era administrar el estado para el faraón. En estos momentos, tiene su centro en la capital, Menfis. Existían dos centros administrativos importantes, la Casa Blanca del Sur y la Casa Roja del Norte.

Conocemos diversos organismos vinculados a la administración:

- La Casa del Rey: Es la sede de la administración real, en ella se encuentran los asesores directos del faraón como el Jefe de los secretos de los decretos o el Compañero de la Casa Real. También  existe ya en esta época un importante cuerpo de escribas.
- La Casa Blanca y la Casa Roja: Ambas estaban dirigidas por sus respectivos cancilleres, portadores del sello. También tenían a su servicio un cuerpo de escribas y ayudantes. Su misión principal era la elaboración del censo bianual. Base fundamental para la percepción de impuestos.
Los impuestos eran percibidos en grano y especies. Se almacenaban en los graneros del estado, quien aseguraba su distribución en momentos de crisis. El faraón disponía de fincas especializadas que le proporcionaban otra serie de productos (como viñedos).
- El nomarca: Es quien está al frente de cada uno de los nomos. Con frecuencia pertenece a las élites locales predinásticas. Los nomarcas son, por tanto, grandes que sirven al rey y, como tales, tienen enseñas y dignidades propias. Su misión fundamental es la supervisión de la administración y del correcto funcionamiento del sistema de canales de riego por delegación del faraón.
- La Casa del Jefe de las liberalidades: Su misión era pagar a los servidores del estado.
- Encargado de los países extranjeros: De éste conocemos su existencia, pero no sus funciones.
- Adj-mer: Son funcionarios especializados en las labores de excavación de canales.

A pesar de esta organización, la urbanización del Nilo en esta época no alcanzó los niveles mesopotámicos, quizás por la presencia de una cierta seguridad que hizo innecesario el modelo fortificado, base importante del primer desarrollo urbanístico. Esta misma seguridad permitió, durante bastante tiempo, la continuidad de un sistema de aldeas agrícolas y la presencia de pocas ciudades que pudieran considerarse como tales. La urbanización de Egipto poseía un predominio de lo religioso y funerario, una situación que sólo se produjo en Mesopotamia en los inicios de la revolución urbana.

Estatua sedente del faraón Khasekhemui (II dinastía)

Sí se desarrolla en este período una cultura cortesana que también caracterizará la cultura egipcia, propiciando el nacimiento de determinados cultos y prácticas de enterramiento, la centralización de la producción y el almacenamiento de recursos (controlando su redistribución). Esta corte ostentaba los más importantes puestos del estado egipcio a través de una maraña de relaciones familiares, impulsando el consumo suntuario que mantiene un activo comercio y una manufactura asociada, y, en definitiva, permitiendo el paulatino desarrollo de las artes escritas, muy vinculadas a todas las actividades de estos grupos cercanos a la corte.

La sociedad egipcia tenderá a jerarquizarse en función del papel que desempeñen los individuos dentro de la comunidad. A grandes rasgos, podemos distinguir varios grupos dentro de una sociedad egipcia a cuyo frente se situará el faraón, como depositario del poder divino. La corte estará integrada por sacerdotes y altos funcionarios (como los ya mencionados) que desempeñarán un importante papel en la difusión de la cultura egipcia. El resto de trabajadores (comerciantes, artesanos, campesinos, etc.) forman un grupo muy heterogéneo de personas que dependen de su trabajo diario para sobrevivir aunque la propiedad privada y la posibilidad de ascenso social fueran una realidad. La esclavitud estaba extendida y su origen se debía principalmente a conflictos bélicos.


El Nacimiento de Egipto,
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