PREHISTORIA

Artículos referidos al pasado del hombre antes del conocimiento de la escritura.

HISTORIA ANTIGUA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época entre el conocimiento de la escritura y la caída del Imperio Romano.

HISTORIA MEDIEVAL

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre la caída del Imperio Romano y el descubrimiento de América.

HISTORIA MODERNA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre el descubrimiento de América y la Revolución Francesa.

HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre la Revolución Francesa y la época actual.

Mostrando entradas con la etiqueta Geografía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Geografía. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de noviembre de 2012

Los griegos y el Egeo

La historia del mundo griego nos acerca a un ámbito cultural que se sitúa en un punto intermedio entre las culturas orientales y las occidentales. La cultura helénica recogió elementos de las prolongadas y fructíferas civilizaciones próximo-orientales. La historia griega narra la evolución de unas sociedades cuyas características iniciales se vinculan estrechamente a los modos culturales de oriente, con cuyas pueblos estuvo sin duda muy vinculada, para ir mutando paulatinamente hasta adquirir su propia personalidad social y cultural. En este proceso, los elementos políticos, organizativos y de toda índole calarán profundamente en el resto de culturas que se generaron en la Antigüedad occidental.

 EL ESPACIO EGEO: EL MAPA DE GRECIA  

Las civilizaciones del Egeo no se desarrollaron, a diferencia de las grandes culturas del próximo oriente asiático o de Egipto, en torno a grandes llanuras o valles fluviales. Por el contrario, el soporte físico sobre el que se desarrolla la civilización helena se caracteriza por la diversidad geográfica y la fragmentación espacial, así como por la relativa pobreza de recursos naturales.

Diversidad y fragmentación natural aparecen como características más destacadas en este espacio en el que el Mar Egeo actúa como centro alrededor del cual se desarrollará la civilización griega. Esta fragmentación, aunque no determina la evolución griega, sí la condiciona. Así, sin caer en un determinismo geográfico, sí que debemos reconocer que el espacio otorga cierta personalidad a estas culturas y orienta algunas de las actividades más características de estas comunidades, explicando en parte a su vez la importancia de las mismas.


Copa de Aisón (victoria de Teseo sobre el minotauro en presencia de Atenea),
por Marie-Lan Nguyen (2008)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY 2.5

En este marco físico podemos diferenciar diversas áreas con un sustrato cultural semejante:

-    La costa occidental de Asia Menor: La costa minorasiática está compuesta por las estribaciones occidentales de la península anatólica (la actual Turquía). Una región definida por diversos valles fluviales que se configura como una de las pocas regiones del ámbito griego con condiciones para permitir un amplio desarrollo de la agricultura cerealística (en las terrazas aluviales generadas por los cauces de los ríos Hermos y Meandro). También comprende un conjunto de islas, entre las cuales encontramos algunas de la mayor importancia en la historia griega, como Lesbos, Quios, Samos o Rodas, por citar las más destacadas.
-    Las islas del Mar Egeo: Las otras islas egeas, como las Cícladas, a las cuales pertenecen Naxos, Paros y Delos, son de pequeño tamaño y se encuentran distanciadas regularmente, de manera que facilitan la comunicación entre sí y con la Grecia continental, actuando también como escalas del tránsito marino entre Grecia continental y Jonia. Las Cícladas, denominadas así por su disposición en torno a la isla de Delos (Kuklos, círculo), también jugaron un papel destacado en la historia de la región.
-   La Grecia continental: Grecia continental es una región enormemente montañosa, compuesta en su mayor parte por formaciones calcáreas. También muestra una considerable diversidad geográfica. El sur, recorrido por una cadena montañosa que separa las costas orientales de las occidentales, está compuesto de pequeños y numerosos valles, caracterizado por un sistema hídrico corto y caudaloso, de ritmo estacional variable, y franjas costeras con profundas entradas marinas, cuyo mejor exponente son los golfos de Sarónica al este (Calcídica) y Corinto (al suroeste). Al Norte encontramos las regiones de Tesalia y Macedonia, que contienen buenas tierras asociadas a llanuras de origen fluvial.

El Mar Egeo en la Antigüedad
Es cómodo generalizar a este respecto y caer en errores fácilmente evitables y en tópicos habituales que pueden llevarnos a errores comunes. Precisamente estas características del espacio egeo que acabamos de citar ayudaron a que la Antigua Grecia no fuera nunca un país o un estado sino la suma de un conjunto de realidades políticas diversas, con sus propias bases económicas y sociales, pero que comparten un sustrato cultural y étnico con aspectos comunes -koine- en un espacio físico común –oikoumene-.

Esta situación natural resalta la importancia en el espacio egeo del mar, elemento geográfico por excelencia en el mundo helénico, como vía de comunicación e intercambio, la necesidad de la navegación y las relaciones entre los diversos ámbitos, obligadamente marinas. También caracterizará en parte las formaciones políticas posteriores y supuso un handicap para una evolución histórica hacia la unificación del territorio bajo un mismo estado.


Venus de Milo (siglo II a. c.), por Shawn Lipowski
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

Las principales ciudades griegas se ubicarían en la costa oriental de la Grecia continental, donde reciben mayor influencia de oriente próximo (o quizás precisamente por ello) aunque fuera en la costa occidental, sin embargo, donde existían mejores tierras. Los recursos de la zona eran escasos: poco metal, salvo algo de cobre y plata, las tierras de cultivos eran insuficientes, aunque sí se explotaron excelentes mármoles, cuyo empleo fue uno de los condicionantes en el desarrollo del arte helénico. Como fuente de recursos se recurrió a la ganadería, principalmente de cabras y ovejas, que se adaptan fácilmente a las condiciones orográficas del terreno y que no necesitan tierras forrajeras. La escasez de buenos árboles maderables contrasta con la abundancia de cultivos de olivos y viñedos, aptos para el secano, y de las plantaciones a media altura. Todo ello conformará el paisaje típico griego. Pan, queso, aceituna y vino componen la dieta básica griega.

La posterior expansión colonial, emprendida por los habitantes de este espacio, ampliará sus horizontes, integrando diversas regiones bajo sus áreas de influencia, especialmente en torno al Mar Negro, el sur itálico y el mediodía galo.



 LOS GRIEGOS: EL ELEMENTO HUMANO  

Es esta una de las cuestiones más complejas y controvertidas de la historia griega. En ella confluyen problemáticas diversas. Por una parte, la supuesta existencia de comunidades de diverso origen étnico en dicho espacio geográfico, este sustrato étnico original fue alimentado por sucesivas oleadas de poblaciones indoeuropeas. A estos movimientos de pueblos se sumaría la llegada al ámbito egeo de los pueblos dorios. De este modo la población egea mostraba huellas de al menos todas estas procedencias. Un segundo elemento, vinculado con el anterior y que viene a complicar esta problemática, es el conjunto de referencias en la propia tradición griega a movimientos migratorios diversos, que llevan a comunidades helénicas de un ámbito regional a otro, como los recogidos en la tradición literaria del «Retorno de los Heráclidas».

Historiográficamente, este tema fue objeto de un intenso debate ya que a estas circunstancias se une el gran desarrollo que, en los momentos finales del siglo XIX y principios del XX, adquieren las teorías difusionistas, que explicaban en sus posicionamientos más básicos la expansión de la cultura por irradiación, desde pueblos civilizadores hacia pueblos incivilizados. La importancia de los logros culturales alcanzados en el mundo griego y su trascendencia en la formación de la cultura clásica hacen a estas culturas especialmente susceptibles de ser interpretadas desde posiciones difusionistas, donde la ecuación «Llegada de pueblos indoeuropeos = Nacimiento de la cultura clásica griega», era lo mismo que hacer responsables del nacimiento de la cultura occidental a un determinado grupo humano, centroeuropeo por más señas.


Ulises y las sirenas, por Herbert James Draper (1909)
Fuente: Wikimedia Commons 

¿Qué sabemos con certeza de este asunto? La cuestión de los pobladores antiguos del mundo griego no es, como ya comentamos, simple, por el contrario posee vertientes literarias, lingüísticas y arqueológicas. Lo que a continuación exponemos es la posición más extendida sobre el asunto, pero hemos de ser conscientes de su provisionalidad a la espera de que salgan a la luz nuevos descubrimientos.

Se asume la existencia de un sustrato poblacional reconocido desde el neolítico. La cercanía espacial del neolítico oriental, así como la presencia de las técnicas productivas que lo caracterizan, inclinan a los historiadores a plantear un origen oriental para la población neolítica del Egeo, que llegaría hacia el IV milenio y cuya evolución cultural desembocaría en la cultura minoica (al menos sí parece admisible una fuerte influencia oriental).

Hacia el año 2.000 a. n. e. comenzarían a llegar a la región diversas oleadas de comunidades de origen indoeuropeo, quienes podrían ser responsables del desarrollo de la cultura micénica. Sería el elemento protogriego, los primeros griegos propiamente dichos. Su llegada se realizaría a través de flujos sucesivos, más o menos violentos, quizás con un carácter de infiltración.

Estos grupos indoeuropeos introducen una serie de elementos culturales que les son propios: determinados gustos ornamentales (empleo del ámbar), empleo de la caballería, lenguaje indoeuropeo e instituciones también propias del mundo indoeuropeo.


Pandora, por John William Waterhouse (1896)
Fuente: Wikimedia Commons

Por último, debemos abordar otro problema historiográfico: el de la existencia de las invasiones de los dorios. En primer lugar debemos tener presente que existe una región griega con este nombre - Doride o Dorión, en el Peloponeso - y que las alusiones a los dorios, como habitantes de esta región, son habituales en los autores antiguos.

Respecto a la supuesta invasión o retorno de los dorios, algunos autores la han querido relacionar con la tradición del Retorno de los Heráclidas, antes mencionado, vinculándoles a las causas que acaban con el mundo micénico. Otros investigadores inciden en la ausencia de elementos culturales nuevos en el ámbito egeo, que pudieran atribuirse a los dorios. Se resalta que arqueológicamente no existen, puesto que no conocemos una cultura material diferente que defina una comunidad dórica (no conoceríamos ni sus cerámicas ni sus armas) y, por otro lado, tampoco se aprecian innovaciones o aportaciones lingüísticas.

El problema de las invasiones dóricas fue ya oscuro para los propios autores antiguos, que no se ponían de acuerdo: por ejemplo, Homero sitúa Dorión en Pilos en la Ilíada, en cambio en la Odisea les sitúa en Creta; Estrabón los ubica en Tesalia, pero esta zona es interior, sin costa, y en teoría los dorios habían participado en la guerra de Troya, llegando en barcos al escenario de la batalla (Catálogo de las Naves).

La Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio (1509)
Fuente: Wikimedia Commons

Sobre el Retorno de los Heráclidas es una tradición mítica incluida en el «Ciclo de los Nostoi», o retorno de los héroes. Los hijos de Hércules según la tradición tuvieron que huir hacia oriente. Al cabo de los años, sus descendientes conducidos por Hylleis, hijo de Hércules, retornan al espacio griego.

Una posición intermedia admite la llegada del elemento dorio procedente del noroeste de la Grecia continental, el mismo camino seguido por los indoeuropeos premicénicos, compuesto no por una comunidad homogénea, sino por diversos grupos que mezclan diferentes sustratos culturales, con diversos patrones o modos de vida.

Todo estos elementos no hacen sino confirmar dos hechos:

-   Durante el Bronce Egeo se conocieron movimientos poblacionales diversos, quizás a veces idas y venidas de poblaciones propias de la región.
-    Estos movimientos son bastante problemáticos y su conocimiento de difícil solución, pues en ellos se mezclan elementos históricos con elementos míticos, además de haber permanecido inmersos durante mucho tiempo en corrientes historiográficas que no proporcionaron un tratamiento objetivo al asunto.

Por último, no debemos olvidar que esta situación coincidiría en el tiempo con los fenómenos migratorios propios de los movimientos de los Pueblos del Mar y con el inicio de las Edades Oscuras en el Mediterráneo oriental.


Grandes civilizaciones: Grecia 
subido por artehistoria.com a https://www.youtube.com

martes, 13 de noviembre de 2012

Egipto antes de los faraones

Esta entrada se centra en la génesis y nacimiento de la cultura egipcia. Su aparición está fuertemente vinculada a la vida prehistórica que surge a la ribera del Nilo. Este marco geográfico le proporcionará a la cultura egipcia unas señas de identidad que la diferencian de los demás procesos de neolitización que aparecen en la misma época. La civilización egipcia nació mucho antes de la aparición del primer faraón en torno a unas comunidades agrícolas que se agruparían, después de un largo proceso, en torno a dos grandes poderes el Bajo Egipto, situado en el delta del Nilo, y el Alto Egipto, al sur de éste.

Enlaces relacionados:
- Los primeros faraones: fase protodinástica y tinita.

 EL MEDIO FÍSICO Y SUS CONDICIONANTES  

Egipto es un «don del Nilo», según la célebre expresión de Herodoto. Quizás no haya un país y una civilización tan estrechamente ligados a un accidente geográfico como lo están Egipto y el río que le proporciona entidad. Egipto es el Nilo y sus propios condicionantes: el Alto y el Bajo Nilo; el delta; el valle y la franja fértil que acompaña el discurrir del río; sus riquezas y sus carencias. El Nilo tiene sus fuentes en dos áreas geográficas: por una parte los grandes lagos africanos, donde nace el llamado Nilo Blanco, por otra parte el Nilo Azul, que surge de las montañas de Abisinia. Ambos cauces se unen en Khartum, recorriendo hasta su desembocadura 2.170 kms.
El Nilo en la revista National Geographic nº 31, por Earle Harrison (1917)
Fuente: Wikimedia Commons
Este largo valle está protegido por los desiertos arábigo y líbico, que se encuentran al este y al oeste, respectivamente. Estos desiertos aislaron al país, hecho que tuvo repercusiones en cuanto a la unidad que le proporcionaba, así como por la protección natural que ofrecían. Este «aislamiento» del valle del Nilo otorgó algunas peculiaridades a la cultura egipcia. El tapiz sobre el que se dispone el territorio egipcio se completaba con diversos oasis del desierto líbico, una serie de pistas atravesaban el desierto arábigo conectando el valle con el Mar Rojo y, a través de éste, con el océano Índico y sus rutas comerciales.

Sin embargo, la imagen actual de Egipto no se corresponde con el medio físico existente en la Antigüedad. El Nilo era la auténtica columna vertebral del territorio, pero numerosos uadis venían a su encuentro. Entre estos afluentes naturales y los canales artificiales, unidos a un mayor coeficiente de precipitaciones, a la existencia de lagos y lagunas y mejores condiciones ambientales en las áreas desérticas periféricas, el País del Nilo se conformaba como un territorio bastante fértil, con una mayor vegetación, acompañada de numerosas especies animales, propias de un ecosistema más húmedo que el actual. Sin embargo, los cambios climáticos se agudizaron facilitando el acercamiento del desierto y la limitación de las tierras cultivables.
Petroglifos antiguos de los wadis de Gilf Kebir, por Ilan Molcho (2007)
Fuente: Flickr Wikimedia Commons / CC-BY 2.0

Egipto estaba dividido desde tiempos remotos en dos países: el Alto y el Bajo Egipto, que se correspondían con el Alto y el Bajo Nilo (éste último en la zona del delta, al norte). La línea fronteriza entre ambos territorios se ubicaba a la altura de la ciudad de Menfis. Aunque el país se unificó tempranamente, la existencia de dos realidades (norte y sur) permanecería latente en la sociedad egipcia, resurgiendo en momentos de crisis. Nilo arriba, el valle daba paso a una serie de accidentes geográficos que originan cuatro cataratas sobre el río. Al sur de la primera catarata se situaba la Nubia (Baja o Uauat y Alta o Kush) con la que Egipto mantendrá diferentes tipos de relación a lo largo de su historia.
Principales asentamientos del Egipto predinástico
El río estaba sujeto a periódicas inundaciones, similares a las que sufrían el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia, pero más regulares. Estas inundaciones dejaban a su paso un fértil limo que paliaba los problemas de infertilidad y salinización de las tierras, frecuentes en otras zonas. Las crecidas procedentes del Nilo Blanco y del Nilo Azul no coincidían en el tiempo. El primero crecía en otoño y el segundo en primavera. Todo el curso del río estaba dotado de sistemas de medida de la crecida, los nilómetros, que aportaban una información que, acumulada por los siglos, permitía a los egipcios predecir con cierta exactitud la llegada de las aguas, los niveles alcanzados y la producción agrícola estimada. El control de las crecidas permitió una temprana organización social, cuya cúspide fue ocupada por la figura del faraón.


Nilómetro del templo de Kom Ombo, por Olaf Tausch (2014)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

 EL ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN EGIPCIA. LA FASE PREDINÁSTICA  

El período predinástico es aquel anterior a la primera dinastía, establecida según la Lista de Manethon. Cronológicamente, el predinástico es anterior a 3100 a. c. y gran parte de dicho período lo conocemos por fuentes prehistóricas. Es problemático el conocimiento de las comunidades humanas de la región en tiempos tan remotos, aunque sí se admite la existencia de diferencia físicas entre dos poblaciones: la del Alto y la del Bajo Egipto (esta última con individuos generalmente más altos, de mayor complexión y cráneos más anchos).

De igual manera, está poco claro el origen de la lengua egipcia. Se sabe de su pertenencia al tronco que da lugar a las lenguas semíticas, y por tanto son numerosos los rasgos compartidos con éstas, pero también posee numerosos rasgos de otras lenguas afroasiáticas. El problema se plantea cuando se quieren ver estos rasgos -tanto lingüísticos como físicos- como aportaciones externas de grupos humanos, a los que se les hace protagonistas del nacimiento de esta civilización. Este planteamiento es uno más de los muchos que suscitaron las teorías difusionistas, fuertemente contestados por la investigación crítica. Aunque no se pueda negar el trasiego de grupos humanos y las aportaciones culturales realizadas, la civilización egipcia se debe estudiar como fruto de los propios condicionantes de su medio particular y la evolución de sus propias culturas prehistóricas.

Mango del cuchillo de Gebel el-Arak, por Richard Mortel
Fuente: Flickr / CC-BY-NC-SA 2.0

Los primeros y trascendentales cambios que surgen desde la llamada revolución neolítica y que empezaron a transformar el modo de vida de la humanidad, culminando con la invención de la agricultura y la ganadería, tienen como marco protagonista las tierras de Oriente Próximo y el llamado Creciente Fértil en su conjunto. Egipto, por su situación geográfica más aislada, no recibió el influjo de grupos neolíticos procedentes de Asia hasta una época algo más tardía que en el resto del Creciente Fértil, lo que le permitió desarrollar una economía productiva con sus propios indicadores y al abrigo de su propio marco geográfico, teniendo al Nilo como principal protagonista.

La prehistoria egipcia muestra la presencia de una fase importante de ocupación neolítica sobre el valle del Nilo. Las comunidades agrícolas prehistóricas enraizaron pronto en el delta del Nilo con centros como Merimda o El Omarí y en el oasis de El-Fayum, experimentando en el Bajo Egipto un espectacular desarrollo que las llevó, a partir de mediados del quinto milenio, al surgimiento de las primeras ciudades. En ellas va a aparecer entre sus moradores por vez primera la división del trabajo y, por tanto, el trabajo especializado así como la estratificación de las clases sociales. Así mismo, los trabajos agrícolas permitieron una mejor alimentación, el almacenamiento de excedentes y un enorme crecimiento demográfico como hasta entonces no se había conocido en la zona.

Por otro lado, el mayor desarrollo y dependencia de la agricultura permitió un mayor conocimiento y aprovechamiento del recurso principal de la zona, el Nilo. El dominio de las crecidas del río mediante diques y canales permitió un sedentarismo total y la aparición de aldeas y pequeñas ciudades que desembocarían más tarde en la creación de los nomos. Si bien estas circunscripciones territoriales en origen se vinculan con superficies de regadío, a lo largo de la historia de Egipto sufrirán una importante evolución y transformación conformando las provincias que constituirán los dos reinos del Alto y el Bajo Egipto y, más tarde, del reino unificado.

Vaso de cerámica Gerzeense (fase Nagada II), por Guillaume Blanchard (2004) 
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 1.0

Los yacimientos prehistóricos del valle del Nilo como El-Fayum y los otros mencionados se convertirán en la base para una posterior diversificación eneolítica (propia de la Edad del Cobre) que se organiza en los períodos: Badariense, Amratiense, Gerzeense y Maadiense. La búsqueda, por parte de colonos del norte, de los recursos minerales del Medio y el Alto Egipto permitió el desarrollo de la zona pero provocó el conflicto con las poblaciones meridionales.

La cultura Amratiense dará lugar a la cultura del Alto Egipto de la época histórica, una región unificada que rinde culto al dios Set. El Gerzeense, en cambio, se desarrollará en el Bajo Egipto y se relaciona con el culto a Horus. De la confrontación y posterior unificación de ambas regiones surgirán las dinastías del Egipto Arcaico. Si bien culturalmente la época se caracterizará por la continuidad, en materia religiosa asistimos a un fenómeno de sincretismo (el culto a Horus estaba ya presente en el Alto Egipto antes de la unificación), en el que las diversas tradiciones locales de los distintos nomos poco a poco irán conformando un todo unido que dará lugar a las particulares cosmogonía y teología del Egipto faraónico.

Pintura mural de la tumba 100 de Hieracómpolis, por Francesco Raffaele
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

Mientras en el Bajo Egipto se desarrollaba la pujante civilización de Maadi-Buto, que mantenía relaciones con Mesopotamia, en el Alto Egipto se consolidaba la civilización de Nagada, que tenía a Hieracómpolis (Nekhen, en egipcio) como capital. Ambas constituirán el germen de los reinos del Alto y del Bajo Egipto, cuya prolongada confrontación terminará con la unificación de ambos bajo el mandato de Menes o Narmer, rey del Alto Egipto.

Aunque esta hipótesis es generalmente aceptada, los hechos concretos de la época no están claramente documentados y presentan grandes lagunas. Otros personajes que pudieron intervenir en la época son Horus Escorpión, rey del Alto Egipto anterior a Menes (Narmer) y Aha primer rey tras la unificación; aunque algunos estudiosos defienden la idea de que los tres personajes eran el mismo gobernante y otros que Menes y Narmer eran reyes distintos. Por ello, a pesar de que la tradición otorgaba el papel de unificador a Menes, identificado con Narmer, en tiempos más recientes se tiende a asociar a Menes con su sucesor, Aha, primer faraón de la primera dinastía mientras que Narmer y Escorpión pertenecen a la denominada dinastía 0.

Antiguo Egipto: Período predinástico,
subido por elartedelnilo a https://www.youtube.com

miércoles, 10 de octubre de 2012

Arabia y los árabes antes del surgimiento del Islam

Esta entrada se centra en la génesis y nacimiento del Islam. El surgimiento de esta religión, cuya vida se ha prolongado hasta nuestros días, no fue espontáneo. Fueron necesarios una serie de condicionantes físicos, económicos, sociológicos y culturales para dar forma a una de las religiones mayoritarias del mundo actual. Estas condiciones y su influencia en la configuración de la religión islámica son el motivo de esta entrada. 

Enlaces relacionados:
- Mahoma, el mensajero de DIos.
- El Islam, la nueva religión.

 LA PENÍNSULA ARÁBIGA Y SUS ASPECTOS FÍSICOS  

Desde su nacimiento y desarrollo, el papel del Islam en Arabia ha sido tan fundamental e influyente que ha cambiado para siempre la configuración de la zona y el concepto que se tiene de la misma. Tal es así que en el lenguaje común son frecuentes las confusiones sobre conceptos tales como “árabes” y “musulmanes”, que pueden ser empleados indistintamente, lo que puede dar lugar a notables errores y confusiones fácilmente explicables. Básicamente, el término “árabe” hace referencia a las poblaciones que habitaban la península arábiga en tiempos de Mahoma, sin tener en cuenta el credo religioso que profesasen. Sin embargo, esos mismos pobladores no vivían confinados en ese territorio y ya desde el siglo VIII a. c. podemos encontrar grupos árabes en regiones del Creciente Fértil y Mesopotamia aunque esta expansión no tuvo la repercusión que tendría tras la predicación de Mahoma.
Alá (Dios) en árabe

La península arábiga es, geográficamente hablando, una zona especial del planeta. Su ubicación entre el Mar Rojo, por el que se comunica con Egipto, el Océano Índico, que la une a oriente, y el Golfo Pérsico, que la separa de Persia refuerzan su carácter de enlace entre Asia y África. Desde tiempos muy remotos fue atravesada por rutas comerciales, pero su carácter desértico contribuyó a su aislamiento y favoreció que los contactos con otros pueblos fuesen fundamentalmente marítimos o a través de la costa. Además, los árabes, como dueños del desierto podían alcanzar con facilidad regiones más ricas desde épocas anteriores a la llegada del Islam.

Como hemos señalado, a pesar de estar rodeada de mar, Arabia es mayoritariamente una zona desértica, aunque las influencias climáticas inciden sobre el desierto atemperándolo, especialmente en la zona del Hiyaz, al oeste, que es una de las zonas habitables de Arabia, y donde se encuentran los más importantes oasis. Pero, en general, el clima es el propio del desierto, por lo que la vida se concentra en los lugares donde hay agua, en los oasis. Por esta razón, existe un déficit agrícola en casi toda la península y, prácticamente, sólo en las tierras meridionales, Yemen y Hadramaut, donde el clima es más templado, se ha producido un cierto desarrollo agrario. Debido a la pobreza de las tierras, los árabes se veían obligados a practicar el nomadismo en una de las áreas más agresivas del planeta. Para viajar de un sitio a otro, el medio tradicional era el camello (gracias a sus excelentes virtudes y adaptación al clima) por lo que era uno de los principales productos de su ganadería nómada, aunque junto con éste, los árabes explotaban a otros animales como las cabras.

La península arábiga, próximo oriente y el norte de África
durante la Edad Media



 LOS POBLADORES DE ARABIA 

Desde principios de nuestra era, Arabia estaba situada entre dos grandes imperios: romanos y bizantinos al oeste y persas en la región oriental. Condiciones que se mantienen cientos años y que aportan cierta estabilidad en las zonas limítrofes a la península.

Dentro de este conjunto de pobladores primitivos de Arabia podemos distinguir dos grupos:

- Los beduinos: Son los habitantes del desierto, árabes pobres y tradicionales que viven en un estado de nomadismo.
- Los yemeníes: Son los árabes ricos y progresistas que se han sedentarizado. Habitantes del sur, estos pueblos dieron lugar a importantes civilizaciones en la Antigüedad como el reino de Saba.

Además, en Arabia se encontraban grupos importantes de judíos que convivían perfectamente con los árabes y se dedicaban a diversas actividades económicas.

Campamento de beduinos al crepúsculo, por Abraham Hermanjat (1893 aprox.)
Fuente: Wikimedia Commons

Para todos los árabes, tanto beduinos como yemeníes, la tribu era la unidad básica de agrupamiento, y ésta estaba formada por individuos que se consideraban descendientes de un antepasado común (ya fuera este hecho una realidad o mera ficción). Las distintas tribus estaban compuestas por clanes dispersos que agrupaban familias extensas cuyos vínculos de parentesco sí eran reales y tangibles. Por regla general, cada familia estaba compuesta por el jefe de la misma, su mujer, sus hijos y sus esclavos. Los clanes nómadas constituían campamentos móviles que trasladaban los rebaños de un lugar a otro. La organización interna de los clanes se sustentaba sobre una sólida estructura patriarcal en la que la mujer desempeñaba un papel subalterno y donde prácticas como la poligamia o la repudiación de esposas eran habituales. El papel del hombre era distinto: la comunidad árabe era una sociedad de hombres libres, e igualitaria en sus orígenes, al existir la propiedad comunal entre los miembros de la tribu. Todas las tribus tenían un jefe o sayid elegido por los hombres de la tribu y que estaba asistido por un consejo de ancianos en el que estaban representados todos los linajes que formaban la tribu. De esta forma, los árabes estaban organizados en tribus independientes de las demás y se agrupaban en clanes, por lo que eran frecuentes los enfrentamientos entre tribus y entre clanes. Los vínculos de solidaridad eran básicos, el individuo de la Arabia preislámica sólo podía sobrevivir dentro de este marco de familia-clan-tribu.

Beduinos: Escena de Lawrence de Arabia (1962)

Para el occidental no especializado, la gran cantidad de nombres árabes e islámicos presentan una gran dificultad al no poderse vincular con nuestro entorno. De forma aclaratoria, podemos decir que el nombre árabe consta de cinco partes:

1.    Ism: es el nombre personal, correspondiente a nuestro nombre de pila y suele tener origen en la tradición religiosa como Sulayman, Yaqub o Harun o bien son puramente árabes como Muhammad (Mahoma), Hamid, Hasan o Umar. También pueden estar compuestos de dos partes (una de las cuales representa un aspecto de la divinidad) como Abd Allah (Esclavo de Dios), Abd al-Rahmán (Esclavo del Misericordioso) o Abd al-Malik (Esclavo del Rey).
2.    Kunya: es un apelativo de tipo respetuoso, generalmente antepuesto al ism. Un  ejemplo típico podría ser Abu Abd Allah, con la que se indica que el individuo es el padre de Abd Allah (este último suele ser su primogénito).
3.  Nasab: indica la filiación del individuo, siempre en línea paterna. Puede equipararse, salvando las distancias, con nuestro apellido. La filiación siempre se establece mediante la palabra ibn (“hijo de…”). La filiación puede alargarse por línea paterna de forma indefinida. Así, Muhammad ibn Abd Allah, “Muhammad hijo de Abd Allah” puede incluir a abuelos, bisabuelos, etc. si la fórmula se repite.
4.    Nisba: expresa la adscripción tribal de una persona o la ciudad o región de la que es originaria. De esta forma, al-Qurayshi implica que el individuo era de la tribu qurayshí y al-Qurtubí que procede de Córdoba.
5.    Laqab: es el sobrenombre, que puede referirse a una peculiaridad física, a un mote o, incluso, a un oficio o cargo. Podemos encontrar de esta forma, a al-Tawil (el largo), al-Katib (el secretario) o al-Mansur (el victorioso)


Ejemplo: Nombre completo de Almanzor
Los árabes no tenían una organización religiosa unitaria ni muy elaborada, y daban culto a una serie de fuerzas de la naturaleza. Los beduinos tenían unas creencias muy simples en espíritus, djinns, que se personificaban en elementos naturales como árboles o piedras a los que daban culto. En el sur, entre los yemeníes, sí existía una mayor organización religiosa, allí se han encontrado rastros de creencias politeístas más elaboradas y la presencia de templos rudimentarios, donde dichos dioses recibían culto. Las influencias judías, zoroastristas o cristianas (incluido corrientes heréticas como el nestorianismo o el monofisismo) eran evidentes en algunas tribus que habían entrado en contacto con dichos cultos.

La forma de vida de sedentarios y nómadas era muy distinta y, por ende, su actividad económica. Los beduinos del desierto eran comerciantes aunque también practicaban el pastoreo (lo que encaja con su condición de nómadas) y también practicaban también el pillaje. Los yemeníes en cambio, además del comercio, practicaban la agricultura y la artesanía (actividades relacionadas con su carácter sedentario). Asimismo, había colonias de judíos en los oasis que se dedicaban a la agricultura, la artesanía y al comercio. Algunos de estos oasis tenían mercados estables, debido a que al oasis concurrían numerosas personas, generalmente por algún motivo de carácter religioso.

Dentro de la tribu, entre los nómadas, no existía la propiedad individual, puesto que los rebaños y los pastos eran explotados conjuntamente, aunque también se daba un tipo de propiedad individual, constituida por esclavos o bienes muebles cuyo origen era frecuentemente el pillaje. La propiedad colectiva irá desapareciendo a medida que se inicie el proceso de sedentarización y aumente la actividad comercial.


 EL HIYAZ Y LA MECA 

Las numerosas rutas comerciales que, bordeando el desierto cruzan Arabia, desembocan en los puertos de la costa y enlazan la península con el mundo exterior. De esta forma, los árabes entran en contacto con influencias extranjeras: persas, egipcias, griegas, romanas o bizantinas, por ejemplo. Debido a su emplazamiento, su papel de intermediarios era decisivo para estas culturas ya que a través de dichas rutas llegaban al Mediterráneo los productos procedentes de oriente. De esta forma, los beduinos se convierten en los intermediarios de este comercio de perfumes, seda, especias o joyas, en el que también participaban algunas tribus judías. El pillaje era muy frecuente, por lo que era habitual que los comerciantes se agruparan en largas caravanas de camellos para defenderse de los asaltantes.

La ciudad de La Meca está localizada estratégicamente en la región del Hiyaz en un oasis situado en un cruce de caminos para las rutas arábigas. Próxima al puerto de Yeda, en el mar Rojo, su posición favorece las relaciones comerciales con tierras lejanas, a la vez que al estar en el centro de Arabia confluyen en ella las rutas caravaneras que atraviesan la península. A través de éstas, La Meca comerciaba con Egipto, Siria, Palestina, Mesopotamia, Persia y el Yemen. Por otro lado, La Meca se convirtió en una ciudad con un cierto carácter sagrado pues es depositaria de una piedra sagrada de origen meteórico (la Piedra Negra), situada en el santuario de la Kaaba, a la que se rendía culto, por lo que este lugar fue pronto objeto de peregrinación, surgiendo en él una feria anual. Según la tradición islámica. la Kaaba como centro de cultos preislámicos llegó a albergar a más de 360 ídolos junto con la Piedra Negra. Estas condiciones facilitaron el carácter sagrado e inviolable de La Meca y del santuario (fundado por el patriarca bíblico Abraham) y la obligación de guardar una tregua anual coincidiendo con la feria.

Santuario de la Kaaba, por Ariandra 03 (13 de febrero de 2012)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

En la época de Mahoma, La Meca había llegado a convertirse en un centro urbano de considerable importancia. Según la tradición musulmana, ya desde el siglo VI d. c. La Meca queda dominada por la tribu de los qurayshíes (a la que pertenecía Mahoma), que logran establecer una extensa red comercial y pasan a ser los guardianes del santuario. Los distintos clanes qurayshíes se repartieron las funciones para atender a la peregrinación y a la actividad comercial que en La Meca comienza a desarrollarse. 

De esta forma, se ponen en contacto lugares tan distantes como Etiopía y Yemen con Siria e Iraq, a través de una ruta comercial protegida en época de peregrinaje. Esto permitió convertir un pequeño enclave en un oasis en todo un emporio comercial. El gobierno de la ciudad estaba confiado a las más importantes familias de mercaderes, esta posición generaba ambiciones en otros grupos que pretendían alcanzar ese mismo estatus social y económico. Esto producía fuertes tensiones de carácter social que anunciaban profundas transformaciones en Arabia.