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martes, 19 de marzo de 2013

El arte del bronce egeo

Durante la edad del bronce en el Egeo, hacen su aparición las culturas minoica y micénica. Se trata de sociedades urbanas y complejas, que desarrollan el mayor nivel artístico de la zona hasta ese momento. El arte minoico y micénico constituirá el germen de lo que llamamos el arte clásico, que es heredero de los conceptos ideados y concebidos en ésta época. En esta entrada intentaremos describir brevemente las características principales del arte desarrollado por la enigmática civilización que participó en la guerra de Troya y sobre la que Homero escribió, siglos más tarde, en la "Ilíada" y la "Odisea". 

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 EL ARTE MINOICO 

En el curso del segundo milenio a. c., mientras Europa vive en la Edad del Bronce, Creta, por su situación privilegiada en un mar de rutas comerciales, es el solar de una cultura que ha evolucionado desde el neolítico y que sirve de inspiración a las zonas continentales próximas con las que mantiene contactos.

La arquitectura cretense o minoica aplicó sus mejores y más avanzados recursos técnicos en la construcción de los llamados hasta ahora palacios, famosos por su complejidad y magnificencia. Los palacios (como Cnosos, Festos o Hagia Triada) son de arquitectura compleja y fueron construidos a base de bloques aislados, posiblemente, sin ninguna planificación previa; lo que explicaría el orden caótico de estos lugares y que dio pie a que sir Arthur Evans los identificara con la leyenda del laberinto del Minotauro.

Reconstrucción del palacio de Cnosos
No obstante, estos bloques aislados ofrecen algunos elementos comunes y compartidos como un patio rectangular (probable lugar para la celebración de determinados cultos, como la taurocatapsia o salto del toro), grandes escaleras de acceso a los pisos superiores y tragaluces. De carácter arquitrabado, esta arquitectura se basa en el uso sistemático de la columna, de fuste cilíndrico disminuido hacia su base y capitel con equino y ábaco, que se convierte en un elemento esencial que proporciona elementos al estilo dórico griego.

Reconstrucción digital del palacio de Cnosos
subido por CustardCustard a https://www.youtube.com

Hay que destacar que algunos autores, como Paul Faure, ofrecen una hipótesis alternativa al uso de lo que hemos estado calificando de «palacios» desde 1900 hasta ahora. Para estos expertos los palacios debieron ser, en realidad algún tipo de santuario dirigido por un rey- sacerdote o un clero especializado. De ser esto cierto, es posible que las mansiones reales fueran, en realidad, las villas que se alzan en las inmediaciones de estos grandes conjuntos –como el Pequeño Palacio de Cnosos o la villa de Hagia Tríada y que hasta ahora no había dudas a la hora de pensar que se trataba de palacetes privados de los reyes.

Una característica llamativa de la arquitectura minoica es la ausencia de templos y construcciones destinadas al culto si exceptuamos la hipótesis de Faure, mencionada antes. Esta ausencia no es de extrañar en lo que a la práctica de cultos naturalistas se refiere, porque este carácter los hace innecesarios. Eso sí, las altas cumbres y las cuevas profundas fueron lugar propicio para el depósito de ofrendas y exvotos en honor a las divinidades ctónicas.

La escultura estaba compuesta por exvotos de pequeño tamaño sin pretensiones de monumentalidad y se caracterizó por su originalidad y sentido expresionista. Se cultivaron abundantemente estatuillas de la diosa domadora de serpientes, hombres desnudos, damas de falda acampanada, y algunas tallas de marfil, como el Acróbata de Cnosos. También destaca la presencia de ritones y vasos ceremoniales con distintas figuras, principalmente en forma de toro.


Ritón en forma de cabeza de toro, por Olaf Tausch. Fuente: Wikimedia Commons CC0 1.0
Sacerdotisa domadora de serpientes, por Jebulón. Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

La cerámica más antigua conocida es la de Pirgos (Minoico Antiguo I). Se trata de una cerámica bruñida que reemplazó a la de origen neolítico. Destacan de ésta las copas o cálices de pie, de color grisáceo o negruzco y una decoración lineal. Del Minoico Antiguo II data la cerámica de Vassiliki –conocida también como cerámica flameada, porque sobre fondo oscuro se extienden manchas de tonos claros (en especial, rojizos). Pero la más representativa es la de tipo Kamarés, propia del período de máxima expansión comercial (Minoico Medio II). De paredes finas parece obvia su utilización de carácter ritual –tal vez para recoger ofrendas-. Su decoración es polícroma sobre fondo negro, componiendo motivos libres y espirales que fueron evolucionando hacia motivos naturalistas. En la última etapa minoica los motivos derivarán hacia creaciones florales o bien ambientadas en el fondo marino, destacando aquellas protagonizadas por pulpos o calamares cuyos tentáculos ocupan toda la superficie de la vasija.

Ejemplos de cerámica minoica, por Janmad (1), Robert Valette (2) y Weyergraf (3)
Fuente: Wikimedia Commons (1), (2), (3) / CC-BY-SA 3.0 
Modificación: Se han unido en una única imagen
En sus pequeños palacios, las pinturas al fresco, combinadas con bajorrelieves de estuco, reflejan los temas de la vida diaria y constituyen el mejor reflejo de la idea que los minoicos tenían de sí mismos. En ellas, los pintores muestran su amor a la naturaleza y un sentido del movimiento del que carecían otros estilos artísticos, como la pintura egipcia. La influencia de Egipto es perceptible en algunas manifestaciones, por ejemplo, en la belleza de los perfiles de las pinturas, pero los artistas cretenses rompieron las ataduras foráneas para inspirarse en las bellezas de su propio paisaje creando un lenguaje pictórico propio y original. A pesar de su dependencia al mundo ceremonial y religioso, la pintura cretense no es rígida y se caracteriza por su fantasía creadora en lo que a cuerpos, formas, movimientos y colores se refiere.


Frescos minoicos de Cnosos: "La procesión" y "El príncipe de los lirios" por Nikater (1) y Harrieta171 (2)
Fuente: Wikimedia Commons (1) (2) / CC-BY-SA 3.0

Las figuras humanas aparecen siempre de perfil, sus cabellos al viento y su ojo de perfil –de probable influencia egipcia-. Las figuras masculinas se reducen a hombres jóvenes de ancho torso, ágiles piernas y piel tostada; las femeninas, en cambio suelen aparecer con complejos peinados, largas faldas con volantes, apretados corpiños que dejaban sus senos descubiertos y piel blanca. Los animales galopan sin ningún orden rígido (como ocurría con otras culturas) subrayando la expresividad y el movimiento.

El arte cretense,
subido por univesidadUNIR a https://www.youtube.com


 EL ARTE MICÉNICO  

En el continente, en Micenas y Tirinto, excavadas por Schliemann, aparecen vestigios de la cultura aquea, que es en parte contemporánea a la minoica, ya que surge desde principios del segundo milenio. El descubrimiento de estas ciudades constituirá la punta de lanza para la aparición de otros yacimientos que conformarán lo que hoy conocemos por civilización micénica. Es admitido hoy día que esta civilización es la protagonista de la Ilíada y la Odisea.

Puerta de los Leones y muros ciclópeos, por Andreas Trepte (2008)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 2.5 
Es en el campo de la arquitectura donde las diferencias entre ambas civilizaciones (minoica y micénica) son más evidentes, ya que responden a exigencias geográficas y a criterios sociales completamente distintos. El ejemplo más claro lo tenemos en la misma formación de las ciudades. En este caso, las ciudades aparecen cerradas por murallas ciclópeas –innecesarias en Creta por su carácter de isla ubicadas en cerros de colinas para facilitar la defensa de la ciudad y con acceso rápido a manantiales.

Plano de la acrópolis de Micenas

En la parte alta de la ciudadela se encontraba el palacio del rey o wanax y al que se accedía mediante rampas y escaleras. La magnitud de las murallas, con grandes puertas como la de los Leones (Micenas), daba paso a la acrópolis y al palacio (mégaron). Éste, en su versión más simplista, se articulaba en torno a un patio –al que se accedía tras un propileo- mediante tres estancias sucesivas: el pórtico (aíthousa), el vestíbulo (prodomos) y la sala regia o salón del trono (domos) con techos sostenidos sobre cuatro columnas en torno al hogar central o esjara. A estas estancias habría que añadir otras como despensas, almacenes, etc. que terminarían de conformar el palacio micénico.

Reconstrucción y plano del palacio de Pilos
Las necrópolis micénicas originaron distintos tipos tumbas durante el desarrollo de su civilización. El tipo más sencillo fue la tumba de fosa que coexistió en el tiempo con los enterramientos en cista. Sin embargo, hacia 1600 a. c. se imponen las tumbas de pozo a la que pertenecen los círculos reales –Schliemann encontró la Máscara de Agamenón en el círculo A. No obstante, el tipo de tumbas más interesante estuvo constituido, sin duda, por las de corredor (como el Tesoro de Atreo), que desemboca en una amplia cámara cubierta por una falsa cúpula (construida mediante la aproximación de hiladas).

Vinculados a las tumbas están los ajuares funerarios, en los que los micénicos desarrollan diferentes obras de orfebrería (sobre todo de oro), como la máscara mencionada. Además parece ser que desarrollaron el gusto por las joyas como collares, brazaletes, anillos, sellos, etc., trabajo en el que alcanzaron gran maestría.

Máscara de Agamenón, por Xuan Che (2010)
Fuente: Wikimedia Commons / Flickr / CC-BY 2.0

La escultura de bulto redondo (exenta) siguió la tradición del exvoto de pequeño tamaño, sobre todo de marfil o terracota. Los ídolos femeninos son distintos de los cretenses y destacan las figurillas en «psi» (Ψ) y en «fi» (Φ) –llamadas así por su semejanza con estas letras griegas-. El relieve se muestra tosco en la mayoría de las representaciones, por lo es lógico pensar que fueran realizados por artistas locales. La gran excepción la constituye, sin duda, el modelado de los felinos de la Puerta de los Leones que no fue superado en el relieve hasta, varios siglos después. En las excavaciones se han encontrado además numerosas figuras de barro, bronce y marfil, quizás exvotos.


Estauillas votivas de terracota en "psi" (Ψ) y en "fi" (Φ), por Zde
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

El arte micénico,
subido por universidadUNIR a https://www.youtube.com

martes, 26 de febrero de 2013

El mundo micénico - Parte 1

Durante la edad del bronce en el Egeo, en el segundo milenio a. c., se desarrolla en la Grecia continental una cultura que tiene su origen en la evolución de las comunidades neolíticas y que conoce la aportación de elementos culturales nuevos de la mano de poblaciones de origen indoeuropeo. Esta civilización ha supuesto uno de los más apasionantes enigmas de la Antigüedad desde tiempos remotos. Sobre ella han escrito historiadores, arqueólogos, literatos e incluso psicólogos y filósofos; no obstante se trata de la sociedad que participó en la guerra de Troya y sobre la que Homero escribió, siglos más tarde, en la "Ilíada" y la "Odisea".  

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 ORÍGENES  

El espacio egeo se encuentra muy fragmentado y el nexo de unión de todos los territorios helenos lo constituye el mar, y en la antigüedad no era diferente. No es de extrañar, que en la zona fueran apareciendo, desde época muy temprana, diferentes comunidades que sufrieron distintos avances en la evolución de su propia civilización. Arthur Evans, el descubridor del palacio de Cnosos, ya reconoció tres zonas culturales en el Egeo durante la Edad del Bronce: la zona minoica –a la que pertenece Cnosos y que englobaba las inmediaciones de la isla de Creta-, la zona cicládica –compuesta alrededor de las islas cícladas- y la zona heládica o micénica –integrada por la Grecia continental- y que, revisada por otros autores a la luz de los nuevos descubrimientos, aún hoy se emplea por su comodidad.

Mapa de las distintas culturas del Bronce Egeo
Sin embargo, a pesar de las similitudes, estas no son coincidentes en todas las zonas, pues cada una tiene su propio discurrir histórico. Así, la zona minoica adquiere una mayor preponderancia en épocas más tempranas, a pesar de ser una sociedad pacífica, en base a un elemento fundamental: su dominio sobre el mar y, por tanto, sobre todo el Egeo.

La civilización micénica o heládica se desarrolla plenamente entre el 1.700 y 1.200 a. c., por tanto, su evolución histórica es en parte paralela y coetánea con la del mundo minoico y no una continuación cronológica de la misma, abarcando parte del Minoico Medio su fase inicial y del Minoico Reciente su fase de apogeo y caída.

Cuadro de hallazgos arqueológicos y del desarrollo de las distintas civilizaciones en el Egeo durante la Edad del Bronce
El origen de la civilización micénica, se vincula a la llegada de diversas oleadas de grupos indoeuropeos que desde el 2.000 a. c. se van asentando en la Grecia continental y desde donde se van expandiendo paulatinamente por todo el espacio egeo, a medida que se retraía la presencia minoica (esto no es exclusivo de la Grecia continental pues por estas fechas también llega este elemento indoeuropeo a la península anatólica, donde formó parte de la gestación del estado hitita). Hacia el 1450 a. c. el proceso está culminando y los micénicos han ocupado económicamente el ámbito egeo. Entre 1.400 y 1200 a. n. e. aproximadamente, se desarrolla plenamente esta cultura, heredera en gran medida del anterior mundo minoico o cretense y predecesora de la Grecia arcaica.


Sin embargo, aunque el modelo cultural micénico tiene bastantes facetas comunes con el mundo cretense, también contiene sus propias connotaciones. Así, aunque también basan su organización en un sistema palacial y en una monarquía, y terminaron adoptando un sistema de escritura emparentado con el minoico -el Lineal B-, todos estos elementos tenían un carácter distinto. También sus bases económicas son similares a las cretenses, aunque con diferentes relaciones de producción a escala social.

Difusión de los Indoeuropeos.Fuente:Sanchez, J. R. A., Aja, J. R. (2009, March 24).  Retrieved April 19, 2015, from OCW Universidad de Cantabria. Web site / CC-BY-NC-SA 4.0

Esta cultura tiene sus principales centros en la Grecia continental meridional y central, organizándose en torno a ciudades como Micenas, Tirinto o Pilos en el continente helénico, y en Creta, uno de los es­tratos de Cnosos presenta también caracteres semejantes, lo que ha dado pie a pensar en una posible invasión de la isla por los griegos que lla­mamos micénicos. Las excavaciones realizadas en todas estas zonas han puesto al descubierto cierta unifor­midad en la organización palacial.

No se sabe a ciencia cierta la relación existente entre todos estos centros de poder. Por el momento, todo parece indicar que eran independientes y que no existían vínculos políticos entre ellos. A pesar de que algunos quieran ver y aventuren la existencia de alguna liga o confederación entre ellos, lo cierto es que aún no se ha encontrado nada que los uniera, más allá de la uniformidad cultural y la semejanza de modelos organizativos.

 EL PALACIO MICÉNICO  

En estas ciudades los palacios aparecen como centros de la vida política, social, económica y religiosa; en su interior se mues­tran un número de dependencias más o menos numeroso para el rey, la burocracia estatal y los artesanos, y grandes almacenes junto con am­plios talleres dedicados a la elaboración de una serie de productos diversos, consistentes en ob­jetos de bronce, cerámicas, perfumes y produc­tos agrícolas cuidadosamente embalados, algu­nos con ingeniosos dispositivos para conservar durante cierto tiempo la temperatura. Estos recintos se hallan rodeados por una sólida muralla que no resguarda al resto de la población, la cual, por las excavaciones realiza­das en la periferia de los palacios, son el expo­nente de un régimen de vida más primitivo, ya que no aparece, en ningún aspecto, un régimen de desarrollo semejante al de los palacios.

Plano del palacio de Pilos, adaptado a partir del dibujo original de John Travlos (1960) 
La organización social micénica tiene también su base en la centralización palacial. El palacio es el eje de la sociedad, donde reside el soberano y su corte. Es el centro de ciudadelas fuertemente protegidas. Esta característica defensiva le diferencia claramente del modelo minoico y podría ser muy ilustrativa de las diferencias en los caracteres socioculturales de ambas civilizaciones.

Las acrópolis micénicas, rodeadas de murallas de importantes volúmenes (ciclópeas) y con una estructura interna cerrada, se ubican en zonas altas y bien defendibles, que a menudo se convertirán, en el futuro mundo clásico, en áreas de culto. Arquitectónicamente, se organiza en torno a un patio porticado y recibe el nombre de «mégaron». Se trata de una sala del trono presidida por un hogar rodeado de cuatro columnas que soportaban el piso superior. Si bien el mégaron y el patio constituyen los elementos centrales en torno a los que se articula el palacio, existen una multitud de habitaciones, corredores, pasillos, escaleras y demás dependencias destinadas a la casa real y al funcionamiento de la misma (despensas, bodegas, almacenes, baños, y otros servicios). El interior se decora con pintura mural al estilo minoico, aunque desprovistas del marcado carácter religioso - ritual de aquéllas. Gran parte de la decoración se puede reconstruir a partir de los miles de fragmentos de yeso pintado encontrados entre las ruinas.

Reconstrucción ideal del exterior del gran mégaron de Tirinto
Esquema básico de un mégaron micénico

El palacio micénico es el centro residencial de la casa real, acogiendo al cuerpo de funcionarios y burócratas, militares y, eventualmente, a la población exterior amenazada. Así el palacio micénico es esencialmente un espacio de hábitat para la élite, bien protegido. Es el centro de la ciudadela micénica.

Conocemos cinco grandes palacios micénicos: Micenas y Tirinto, en la Argólida, destruidos hacia el 1.200; Pilos en Mesenia, destruido hacia 1.235; Tebas, en Beocia, destruido hacia el 1.320; y Cnosos, construido sobre el anterior palacio cretense, destruido nuevamente hacia el 1375. La cultura material asociada a estos centros es rica, destacando las citadas decoraciones en frescos y el uso de columnatas.

El espacio micénico tenía su base organizativa en la ciudad fortificada. Existían, al igual que en la organización minoica, centros principales y centros secundarios. Los primeros eran los centros urbanos en torno a los palacios, integrados en las ciudadelas; los segundos eran las denominadas aldeas. Existía pues una estrecha relación entre ambos tipos de asentamientos. En la organización territorial micénica se prestó especial atención a las comunicaciones, influyendo fuertemente en la elección de los emplazamientos.

Reconstrucción del yacimiento de Micenas
No conocemos exactamente la naturaleza de las relaciones del palacio con las aldeas situadas en las regiones dominadas por los mismos. En Pilos, los dominios palaciales estaban divididos en distritos administrativos, apare­ciendo funcionarios en relación con los palacios cu­yos poderes y atribuciones no conocemos bien. Sí sabemos que en algunas zonas, las aldeas se regían por consejos de ancianos; pero otros cargos nos siguen siendo desconocidos. Indicativo de esto es que en algunas tablillas aparece el cargo de «basileus»,  nombre que posteriormente de­signará a los reyes homéricos, lo cual podría dar pie a pensar que éstos habrían evolucionado a partir de los jefes de aldeas del período micénico, pero esta posibilidad no está constatada y viene a complicar el ya intrincado laberinto que representa el mundo micénico.

Puerta de los Leones (acceso a la acrópolis de Micenas), por Andreas Trepte (2008)
Fuente: Wikimedia Commons / www.photo-natur.de / CC-BY-SA 2.5
La arqueología nos ha permitido percibir el gran desarrollo material alcanzado en el interior de los palacios, una artesanía bastante evolucionada: se conocía la escritura, las construcciones denotan cier­to lujo, la rígida burocratización regula las diversas actividades, etc. Si nos trasladamos a las aldeas, nos encontramos con que el panorama sufre un cam­bio. Las construcciones, al igual que los objetos de uso, son bastante más simples y rudas, no están fortificadas ni han aparecido tablillas. Todo ello, nos hace vislumbrar que en la Grecia micénica existían dos mundos diferentes: el de los palacios y el de las aldeas. Fuera de las fronteras que suponen las murallas que envuelven a los palacios encontramos un régimen de vida más primitivo, que casi podemos calificar de tribal.

Las obras públicas también ocupaban un lugar destacado, con especial atención al establecimiento y mantenimiento de calzadas y puentes, y a la construcción de bancales para la agricultura. También las obras de ingeniería hidráulica fueron destacadas, intentando así paliar la escasez de tierras de cultivo: diques, conducciones de agua, canales, incluso la desecación de amplias zonas con fines agrícolas; como la del Lago Copáis (Orcomenos), que data del siglo XIV a. c.

Recorrido por el yacimiento de Micenas
subido por griegoimagen a https://www.youtube.com

viernes, 16 de noviembre de 2012

Los primeros faraones: fase protodinástica y tinita

Esta entrada se centra en la génesis y nacimiento de la cultura egipcia. Su aparición está fuertemente vinculada a la vida prehistórica que surge a la ribera del Nilo. Este marco geográfico le proporcionará a la cultura egipcia unas señas de identidad que la diferencian de los demás procesos de neolitización que aparecen en la misma época. La formación de la civilización egipcia estuvo fuertemente vinculada a la aparición de un nuevo personaje que surge en esta época: el faraón. En torno a esta figura se agruparán las comunidades agrícolas del Bajo y el Alto Egipto, en un proceso turbulento y poco conocido.

Enlaces relacionados:
- Egipto antes de los faraones.

 EL PERÍODO PROTODINÁSTICO Y LAS PRIMERAS DINASTÍAS (3.200-2.780)  

En la historia de Egipto, hubo épocas en las que la zona no se encontraba unificada bajo un mismo dominio. La primera unificación del país del Nilo se da en torno al año 3.200 a. c. y, a partir de ésta, empiezan a surgir las primeras dinastías de faraones que gobiernan el país. Antes de esta unificación, Egipto vive en lo que llamamos un período predinástico.

La llamada fase protodinástica hace referencia a la época final del mencionado período predinástico y es también conocida como la «Dinastía 0». Aunque de este período protodinástico se conocen pocos testimonios, es de enorme importancia pues constituye la fase formativa de esta civilización tal y como la conocemos. También es el momento en el que el país se unifica y en la que se desarrolla la escritura egipcia. Hay que entender que la unificación del país no es el origen de la civilización egipcia, sino el fruto de la evolución previa de las comunidades que ya estaban asentadas en el Nilo.

Retrato de Horus Escorpión II, gobernante del Alto Egipto, 
(detalle de la maza ceremonial de Hieracómpolis), por Udimu
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0
Antes de la aparición de Egipto como estado faraónico, la zona estaba conformada por dos reinos: uno en el curso alto del Nilo (Alto Egipto) con capital en Nekhen o Hieracómpolis y otro en el curso bajo (Bajo Egipto) con capital en Buto. Estas dos formaciones políticas, que habían alcanzado un grado importante de desarrollo, ubicadas al sur y al norte de Egipto, sufrirán importantes cambios a lo largo de la época predinástica. Finalmente, y tras una serie de acontecimientos aún no suficientemente aclarados, un rey del Alto Egipto conquista el norte y unifica el país. Este rey, cuya figura histórica está poco definida, se identifica con el fundador de la I dinastía: Menes, Narmer o Escorpión.

El Egipto de las primeras dinastías es un trascendental período que conoce el establecimiento de los elementos básicos de la cultura nilótica. Este período, que abarca el reinado de la I y II dinastías, se conoce también como período Tinita por tener su origen en la ciudad de This o Tinis, ubicada en las cercanías de Abydos. El proceso de traslado de la capital desde Hieracómpolis (capital del Alto Egipto) acabó con su establecimiento en Menfis, al inicio de la II dinastía. Este período tinita se inicia con la unificación hacia el 3.100 antes de nuestra era y su desarrollo coincide con la formación y organización del estado egipcio.

Principales asentamientos del Egipto predinástico
Ya antes de la unificación, y según la teoría mayormente aceptada, el territorio egipcio se encontraba dividido en circunscripciones territoriales: nomos o provincias. Los nomos (que en origen se vinculan con superficies de regadío) sufren una importante evolución y transformación a lo largo de la historia de Egipto. Su origen prehistórico se remontaba al eneolítico (edad del cobre) y cada uno de ellos tenía sus propias peculiaridades (su territorio, sus comunidades, su organización social y sus ídolos totémicos, que darán lugar a gran parte de la cosmología y mitología egipcias,...). Debido a sus orígenes relacionados con los recursos hídricos, era frecuente que se enfrentasen por cuestiones relacionadas con los cultivos y las aguas. En época predinástica dos confederaciones de ellos dieron lugar a los reinos del Alto y el Bajo Egipto. Ya en época tinita, el nomo es una simple división funcional administrativa, conociéndose 38 de ellos, número que se incrementó posteriormente. El nomo se designaba según el nombre de su capital de forma que las ciudades más importantes poseían los nomos más extensos.

La unificación de Narmer, tras tomar la zona del Delta, se representó en la Maza y la Paleta del rey, donde aparece con los atributos del Alto y el Bajo Egipto (corona blanca y corona roja). La política cultural en ambas zonas estaba dirigida a un sincretismo y asimilación mutuos. Al empleo de símbolos de ambas zonas como el uso de las dos coronas se unen otros como celebraciones de la unificación o la asimilación de estilos arquitectónicos así como el recurso de las alianzas matrimoniales y los matrimonios mixtos. Algunos de los acontecimientos destacados de esta dinastía son las expediciones a Nubia, el control de los recursos del Sinaí, la elaboración del censo de habitantes o la instauración de la Fiesta Sed. Durante esta I dinastía se consolida la organización de los nomos, con sus nomarcas a la cabeza. En manos de estos reside un poder importante así como en otros altos funcionarios del país, que en muchas ocasiones entroncan con las élites locales precedentes.

Paleta del rey Narmer
Fuente: Wikimedia Commons

La monarquía tenía un destacado carácter militar pues el rey en persona o sus delegados directos participaban en las campañas. Nómadas procedentes de la actual Libia (que buscaban asentarse en el valle y el delta del Nilo), nubios del sur (con quien también se trababan relaciones comerciales) y tribus del este (que pretendían apoderarse de los recursos y minas egipcias) eran algunos de sus más usuales enemigos tras la unificación.

La I Dinastía abarca siete reinados: Aha (reciente y posiblemente asociado a Menes), Djer, Uadji, Udimu, Adjib, Semerkhet y Ka, todos enterrados en la necrópolis de Abydos a los que habría que añadir los posibles casos de regencia. El seguimiento de los reyes de esta época es complejo por varias razones. Por un lado, los vestigios históricos son escasos y tardíos, lo que dificulta su reconstrucción y por otro, la complicada red de titulaturas y nombres de la que hacían gala los faraones ha llevado durante décadas a confundir y despistar a egiptólogos y estudiosos. Existe, además, una dificultad añadida que consiste en la costumbre faraónica de intentar suprimir y eliminar de la historia todo vestigio de aquello contrario a su mandato (incluido reinados de faraones). El resultado es la existencia de multitud de fuentes heterogéneas, difíciles de interpretar, no contemporáneas en muchos casos y que ofrecen informaciones distintas y/o contradictorias (como en el caso de las llamadas Listas Reales). No obstante, el trabajo de historiadores, arqueólogos y egiptólogos ha permitido establecer unas bases sólidas para reconstruir la cronología egipcia, aún en épocas tan remotas.  


Esquema de la Lista Real de Saqqara, por PLstrom (2009)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0
La arquitectura funeraria de esta época todavía está en desarrollo, en un estadio inicial (mastabas) aún lejos de las pirámides y del Valle de los Reyes inherentes a la imagen que tenemos de Egipto. El término «mastaba» no es de origen egipcio sino que hace referencia al vocablo árabe que designa estas construcciones y que significa literalmente «banco». Se encuentran ubicadas en la ribera occidental del Nilo, fuera del alcance de las crecidas del río, pues la creencia era que los difuntos viajaban al más allá dirigiéndose a occidente. Su forma sufrió una importante evolución: en líneas generales es troncopiramidal de base rectangular y en épocas tempranas eran construidas con ladrillos de adobe aunque más tarde pasaron a elaborarse en piedra (a partir de la IV dinastía). Las más antiguas, sin embargo, diferían poco de ser meros túmulos de tierra delimitados por muros de adobe. La tumba era excavada en la tierra y sobre la misma se construía el túmulo. La fragilidad del material de las mastabas más antiguas ha dificultado su conservación desde épocas tan lejanas.  

Sin que conozcamos los sucesos que condujeron al cambio, se instaura la II Dinastía en la que se encuadran los faraones Hotepsekhemui, Raneb, Nineter, Uneq, Senedj, Peribsen, Khasekhem, Khasekhemui (la mayoría de egiptólogos asocian estos dos últimos a un mismo faraón); aunque hay que tener en cuenta que la sucesión enunciada tiene lagunas y períodos poco conocidos. 

En los primeros momentos, conocemos el establecimiento de censos bianuales y la existencia de guerras internas (con Nineter). Con Peribsen, la figura del faraón sustituyó su habitual advocación a Horus por la de Seth, lo que parece indicar que hubo revueltas internas entre el Bajo y el Alto Egipto, y que pasaron a solventarse antes o bajo el reinado del último faraón (quien usa en su serej la advocación a ambos dioses). Además, existen indicios de violencia en estos momentos contra los lugares de enterramiento de sus antecesores y la capital se trasladó a Abydos, abandonándose Menfis. Los últimos faraones conocerán problemas internos y el cambio de dinastía es también confuso. El nombre de Khasekhemui se traduce como «aparición de los dos poderes». Es indicativo de la existencia de problemas entre las regiones.
Serej con advocación a Seth (Peribsen) y a Horus y Seth (Khasekhemui, por Tedmek)
Fuente: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons


 LA SOCIEDAD Y LA ADMINISTRACIÓN DE LA ÉPOCA  

En esta fase formativa de la historia egipcia se generan modelos que serán característicos de la cultura del Nilo. Los artistas y artesanos del momento serán responsables del diseño, en época tan temprana, de los modelos estéticos que conocemos, creando sofisticadas tradiciones artísticas y culturales que están en la base de la civilización faraónica.

También se perfilan en estos momentos aspectos esenciales de la administración y la sociedad egipcia. La figura del faraón y sus subordinados, los esquemas organizativos, la estructuración territorial, son aspectos que, aunque lógicamente evolucionarán, ya están en desarrollo en momentos tan tempranos.

Tablilla de marfil del faraón Den (Udimu) atacando a sus enemigos y con su serej (arriba), 
por CaptMondo (2009)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0
El faraón era una fuerza cuya esencia está tan ligada a la historia egipcia que es imposible entender la una sin el otro. Ya en el Egipto arcaico la figura real había adquirido una gran importancia. El faraón es el estado, representa una monarquía centralizada, basada en el carácter divino del rey. Es el propietario y administrador de todas las tierras del país. A él se dirigen los tributos y las corveas o trabajos gratuitos (en la práctica hay tierras en poder de los templos y de particulares). Su destacado papel social es un reflejo del modelo económico de la economía potámica. El faraón ya en las primeras dinastías aparece vinculado, además de a la conquista y consolidación política del territorio, a las labores de aprovechamiento y recuperación de tierras de regadío: drenaje de zonas pantanosas, construcción de canales, impulso de la puesta en cultivo de terrenos diversos, etc.

El faraón es dios, tiene fuerzas mágicas que se renuevan ritualmente a través de la Fiesta Sed. Esta fiesta era uno de los acontecimientos más importantes del reinado del faraón. A diferencia del rey mesopotámico, el egipcio es un ser divino y no un delegado de dicho poder. Por ello, mientras viva, es el mismo dios. Debido a que físicamente el faraón-hombre iba agotándose por el peso de los años, su fuerza vital debía renovarse mediante los ritos que componen este jubileo real cada treinta años (salvo excepciones). De esta forma, el faraón-dios se regeneraba y podía desempeñar de nuevo su papel. El faraón representa el auge de la civilización, el dominio del egipcio sobre el mundo y por ello, garantiza el orden frente al caos. En este sentido, es el garante de las crecidas del río y de su buen desarrollo.

Asume el título de Horus. Se representa como el rey del Alto y del Bajo Egipto, como unificador. Ostenta la alta corona blanca, símbolo del Alto país, y la baja corona roja, insignia del Bajo Egipto. Basa su poder en su carácter religioso y también en el poder coercitivo, en el control militar. La política de alianzas y diplomática se plasma en los enlaces matrimoniales entre príncipes del Norte y el Sur, así como en la construcción de templos dedicados a las divinidades locales.

Evolución de las coronas de Egipto antes y después de la unificación
Con respecto a la Administración, su misión era administrar el estado para el faraón. En estos momentos, tiene su centro en la capital, Menfis. Existían dos centros administrativos importantes, la Casa Blanca del Sur y la Casa Roja del Norte.

Conocemos diversos organismos vinculados a la administración:

- La Casa del Rey: Es la sede de la administración real, en ella se encuentran los asesores directos del faraón como el Jefe de los secretos de los decretos o el Compañero de la Casa Real. También  existe ya en esta época un importante cuerpo de escribas.
- La Casa Blanca y la Casa Roja: Ambas estaban dirigidas por sus respectivos cancilleres, portadores del sello. También tenían a su servicio un cuerpo de escribas y ayudantes. Su misión principal era la elaboración del censo bianual. Base fundamental para la percepción de impuestos.
Los impuestos eran percibidos en grano y especies. Se almacenaban en los graneros del estado, quien aseguraba su distribución en momentos de crisis. El faraón disponía de fincas especializadas que le proporcionaban otra serie de productos (como viñedos).
- El nomarca: Es quien está al frente de cada uno de los nomos. Con frecuencia pertenece a las élites locales predinásticas. Los nomarcas son, por tanto, grandes que sirven al rey y, como tales, tienen enseñas y dignidades propias. Su misión fundamental es la supervisión de la administración y del correcto funcionamiento del sistema de canales de riego por delegación del faraón.
- La Casa del Jefe de las liberalidades: Su misión era pagar a los servidores del estado.
- Encargado de los países extranjeros: De éste conocemos su existencia, pero no sus funciones.
- Adj-mer: Son funcionarios especializados en las labores de excavación de canales.

A pesar de esta organización, la urbanización del Nilo en esta época no alcanzó los niveles mesopotámicos, quizás por la presencia de una cierta seguridad que hizo innecesario el modelo fortificado, base importante del primer desarrollo urbanístico. Esta misma seguridad permitió, durante bastante tiempo, la continuidad de un sistema de aldeas agrícolas y la presencia de pocas ciudades que pudieran considerarse como tales. La urbanización de Egipto poseía un predominio de lo religioso y funerario, una situación que sólo se produjo en Mesopotamia en los inicios de la revolución urbana.

Estatua del faraón Khasekhemui (II dinastía), por Udimu (2010)
Fuente: Wikimedia Commons / CC-BY-SA 3.0

Sí se desarrolla en este período una cultura cortesana que también caracterizará la cultura egipcia, propiciando el nacimiento de determinados cultos y prácticas de enterramiento, la centralización de la producción y el almacenamiento de recursos (controlando su redistribución). Esta corte ostentaba los más importantes puestos del estado egipcio a través de una maraña de relaciones familiares, impulsando el consumo suntuario que mantiene un activo comercio y una manufactura asociada, y, en definitiva, permitiendo el paulatino desarrollo de las artes escritas, muy vinculadas a todas las actividades de estos grupos cercanos a la corte.

La sociedad egipcia tenderá a jerarquizarse en función del papel que desempeñen los individuos dentro de la comunidad. A grandes rasgos, podemos distinguir varios grupos dentro de una sociedad egipcia a cuyo frente se situará el faraón, como depositario del poder divino. La corte estará integrada por sacerdotes y altos funcionarios (como los ya mencionados) que desempeñarán un importante papel en la difusión de la cultura egipcia. El resto de trabajadores (comerciantes, artesanos, campesinos, etc.) forman un grupo muy heterogéneo de personas que dependen de su trabajo diario para sobrevivir aunque la propiedad privada y la posibilidad de ascenso social fueran una realidad. La esclavitud estaba extendida y su origen se debía principalmente a conflictos bélicos.


El Nacimiento de Egipto,
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