PREHISTORIA

Artículos referidos al pasado del hombre antes del conocimiento de la escritura.

HISTORIA ANTIGUA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época entre el conocimiento de la escritura y la caída del Imperio Romano.

HISTORIA MEDIEVAL

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre la caída del Imperio Romano y el descubrimiento de América.

HISTORIA MODERNA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre el descubrimiento de América y la Revolución Francesa.

HISTORIA CONTEMPORÁNEA

Artículos referidos al pasado del hombre en una época situada entre la Revolución Francesa y la época actual.

jueves, 26 de julio de 2012

Ideología y partidos políticos en la España contemporánea. - Parte 7

En los artículos referentes a este epígrafe se intentará realizar un análisis dirigido al surgimiento y evolución de los partidos políticos en España hasta la configuración actual de los mismos. En este artículo veremos como la caída y el exilio de la reina Isabel II supondrá el surgimiento de unas nuevas reglas de juego sobre el tablero de la política española del momento, empezando por la configuración de una nueva monarquía. Esta época está marcada por el caos político resultado de posiciones políticas dispares e intransigentes, la existencia de grupos contrarios al régimen establecido y el surgimiento de una república sin el apoyo total de la población.

Enlaces relacionados:
- Monarquía isabelina 2: La Unión Liberal y el partido demócrata.


  EL SEXENIO DEMOCRÁTICO: LA MONARQUÍA DE AMADEO I  

En la revolución de 1.868 despuntan una nueva España y unos nuevos españoles. Una nueva generación, en palabras de Vincens Vives, “europeísta, culturalista, democrática, (…) en la que se funden las ideas de libertad y progreso”. Esta generación posee un bagaje intelectual más amplio que la generación romántica anterior, y de ahí su carácter doctrinal y programático. Con ella, se consagra el tipo de político civil, jurista y especializado; desapareciendo el político temperamental y militar característico de la etapa isabelina.

Para Labrousse, una revolución típica nace de un triple haz de factores: “la crisis económica da a la crisis política una fuerza social”, esquema que podría aplicarse a este caso. La crisis política ya era evidente antes de 1.868. El apoyo de la reina Isabel al partido moderado, de mayor poder social y económico y coincidente con la reina en ideología e intereses provocó una monopolización del poder apenas rota brevemente por el partido progresista (siempre tras pronunciamiento militar), lo que le obligaba a permanecer en la oposición; y la Unión Liberal, cuya vaciedad de contenido ideológico y su falta de doctrina concreta terminaría con su rápida disolución. Sería precisamente el apoyo real al partido moderado (considerablemente desgastado tras más de veinte años de disfrute de gobierno y sin nuevas figuras políticas) lo que provocaría que una revolución destinada a derribarlos del poder, derribara también a la propia monarquía.


El gobierno provisional de 1869, por J. Laurent (1869)
(Figuerola, Ruiz Zorrilla, Sagasta, Prim, Serrano, Topete, López de Ayala, Lorenzana y Ortiz)
Fuente: Biblioteca Nacional de España

La monarquía de Isabel II se desintegra sin apenas resistencia y a primeros de octubre se constituye un gobierno provisional liderado por el general Serrano. Tras la destitución de Isabel II, que se ve obligada a huir a Francia, se produce la creación de juntas revolucionarias en las que se integran representantes de los partidos que se sublevan. Todas presentan programas políticos similares e intentan influir, sobre todo en tres campos:

En el económico, se busca abolir los impuestos de consumo (como los que gravaban la sal, el tabaco y el pan) y establecer un sistema de vigilancia para la producción y venta de carne y pescado.

En lo religioso, las acciones se van a centrar en la expulsión de los jesuitas y en el derribo de iglesias para lo que se llegó a alegar que la razón era que estaban en mal estado o que era necesario darle trabajo a los parados.

En el campo político, se intenta subrayar la libertad de expresión y construir una república federal (intento que se lleva a cabo cuando el partido republicano era mayoritario), por último, se reponen de nuevo las milicias nacionales (llamadas voluntarios de la libertad).

General Francisco Serrano y Domínguez
Fuente: Wikimedia Commons

La primera tarea del gobierno provisional será la de eliminar la dualidad de poderes provocado por la existencia de juntas revolucionarias locales (algo nada fácil pues la proporción política de sus integrantes era distinta a la del gobierno) por lo que tuvo hacer concesiones políticas como el sufragio universal masculino y la libertad de prensa y de asociación y la institución del jurado. Las juntas estuvieron en funcionamiento hasta octubre de 1.868 fecha en que el gobierno provisional promulga su disolución para que sus miembros se integren en los ayuntamientos y se disuelvan las milicias. La aceptación del nuevo sistema provoca una división entre los isabelinos monárquicos (tanto progresistas como unionistas) y los republicanos.

A principios de 1.869 se forman unas nuevas Cortes Constituyentes (las primeras que cuentan con sufragio universal masculino). Por su parte, el partido moderado no superó el Sexenio y sus integrantes se alinearon en otros partidos. El resultado fue unas Cortes con mayoría monárquica, pero con una significativa presencia de republicanos. La nueva Constitución aprobada será monárquica pero también la más progresista y democrática del siglo XIX. La obra legislativa incluye un catálogo de derechos individuales como la libertad de culto, el sufragio universal masculino y los derechos de asociación y reunión.

Los caracteres principales de la Constitución de 1.869 consagran un liberalismo radical (frente al liberalismo doctrinario característico de la anterior etapa isabelina) y podrían resumirse en el siguiente cuadro:


PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES
- Soberanía nacional.
- División de poderes.

DERECHOS CONSTITUCIONALES
- Sin Censura.
- Seguridad Física.
- Inviolabilidad de domicilio y correspondencia.
- Derecho reunión y asociación.
RELIGIÓN
- Catolicismo.
- Tolerancia con otros cultos.
PODER LEGISLATIVO
- SENADO y CONGRESO: 
Sufragio universal directo masculino.
PODER EJECUTIVO
- Monarca promulga y sanciona leyes.
PODER JUDICIAL
- Unidad códigos y Fueros.
- Jurados.
ADMINISTRACIÓN LOCAL
- Sufragio universal.

España se establece así como una monarquía democrática, lo que plantea un serio problema: elegir un rey que ocupase el trono español. Quedando clara la exclusión borbónica, la búsqueda de posibles candidatos se hace teniendo en cuenta que el futuro monarca debía cumplir dos requisitos: uno, ser querido por el pueblo español, y dos, no despertar el recelo de potencias extranjeras. La búsqueda de un nuevo rey dividió a la coalición revolucionaria, pues cada partido pretendía nombrar a un candidato que favoreciese sus intereses. El elegido fue Amadeo de Saboya, segundo hijo del rey de Italia, Víctor Manuel II. Apoyado por Prim, el asesinato de éste a fines de 1.870 (antes de la llegada del monarca a España) fue decisivo en su mala suerte. De hecho, Prim se había mostrado como el más capaz de los líderes revolucionarios pero al mismo tiempo había sido el hombre del orden, el que mostró mayor sensatez en las rivalidades de las distintas facciones políticas. El gran problema del reinado del nuevo monarca será la inestabilidad (en apenas dos años se suceden seis gobiernos y tres elecciones generales).


Amadeo I de Saboya, de Carlos Luis de Ribera y Fieve
Fuente: aulavirtual.bde.es

En esta época se asiste a la división del partido progresista en dos grupos distintos:

Por un lado, encontramos a los constitucionalistas, que conformarán el ala derecha del partido. A ellos se unen unionistas y demócratas que aceptan la monarquía. Todos ellos serán liderados por Sagasta. Por otro, encontramos a los radicales, que constituyen el ala izquierda del partido, más doctrinarios y extremistas, sus posiciones se encuentran cerca de las de los republicanos. Su líder fue Ruiz Zorrilla.

Además, también nos encontramos divisiones entre los defensores de la república y se encontrarán:

Primero, republicanos federales, que serán los defensores de las autonomías y que no aceptaron el acuerdo monárquico del sistema. Con un carácter filosocialista, su líder fue Pi y Margall. Por último, los republicanos unitarios, serán los defensores del centralismo y de carácter claramente burgués. Su líder natural fue García Ruiz.

La alternativa de los alfonsinos saldrá de la unión de los antiguos moderados y unionistas que quieren la vuelta de los borbones en la persona del futuro Alfonso XII, su principal dirigente fue Cánovas del Castillo.

Los dos hechos que aceleran la marcha de Amadeo I serán la cuestión autonomista de las colonias americanas y la cuestión artillera sobre asuntos militares. Amadeo abdicó a finales de 1.872. El 11 de febrero de 1.873 se reúnen conjuntamente Senado y Congreso (algo que era inconstitucional en la época) y proclaman la I República española.


 LA I REPÚBLICA Y EL CANTONALISMO

Durante el período que dura la I República, se van a suceder cuatro presidentes en apenas once meses, consecuencia de una gran inestabilidad política mayoritariamente provocada por la gran diversidad del movimiento republicano español y la división de sus partidarios. Algunas características comunes de los republicanos españoles de la época son:

1. Que definen la República como un sistema lleno de virtudes como contraposición a una monarquía llena de disparates, sin caer en más reflexiones.
2. El concepto de república tendrá un carácter regionalista y no centralista.
3. El estado debe estar desvinculado de la iglesia católica, a la que concede un estatus de asociación religiosa sin más.
4. Su humanismo, pues el partido republicano será el primero en España en realizar una declaración de derechos humanos y sistematizarla.
5. Aparece en contraposición con el marxismo y el anarquismo pues lo que defendían era un vago cooperativismo social.


Alegoría de la Primera República Española, publicado en "La Flaca" (1873) 
Fuente: http://www.fuenterrebollo.com

El fenómeno político más importante de la I República será el cantonalismo, un sistema político que aspira a dividir el estado en cantones casi independientes (sólo compartirían las fuerzas armadas y la política exterior). Fue precisamente la insurrección de 1.873 la que hizo triunfar el movimiento que contribuyó en gran medida al fracaso de la República. Este movimiento tendría especial virulencia en la costa mediterránea y Andalucía.

Los primeros cantones son, básicamente, producto de dos circunstancias: la crisis profunda que demuestra el estado desde 1.868 a 1.873 en sus estructuras políticas, y la propia división de los republicanos (el cantonalismo es primordialmente consecuencia del enfrentamiento entre los propios republicanos).

El primer movimiento cantonal se inicia en 1.873 cuando los republicanos más radicales entienden que la caída de Pi y Margall, que fue sustituido por Salmerón, se traducía en un recorte del proceso descentralizador. Esto provocó la creación de dos facciones en el seno del republicanismo. El 12 de julio se proclama el cantón de Cartagena y más tarde el de Alcoy seguido de los andaluces (Sevilla, Cádiz y Granada). La proclamación de un cantón, normalmente sigue la misma estructura: la creación de Comités de Salud Pública y el triunfo en aquellos lugares donde los efectivos militares se suman al planteamiento republicano.
Focos de la rebelión cantonal
La historiografía ha intentado dar una explicación este fenómeno desde tres interpretaciones distintas:

Por un lado, están los historiadores que ha interpretado este fenómeno como un movimiento social. El enfrentamiento entre ricos y pobres será más que evidente en algunas zonas que en otras. En lugares como Alcoy o Sevilla, quienes se ponen al mando serán pequeños burgueses republicanos y distintos líderes sociales, conjuntamente. Esto revela la importancia del factor popular en la formación del cantón.

Otros lo han entendido como un movimiento regionalista descentralizador y una reacción contra el estado centralista, incluso como una reacción de los municipios contra las capitales de provincia, o entre los distintos cantones. Esto demostraría que no estaban muy claros en la época los conceptos de estado, nación y región.

Por último, hay quienes han centrado sus explicaciones en el factor revolucionario, entendiendo el movimiento como una revolución política, promovida por la burguesía que vio la posibilidad de llevar a la práctica sus aspiraciones políticas extremas.

En general, la política de los cantones podría clasificarse en medidas de tres tipos:

I. Medidas de corte anticlerical:
1. Prohibición de la enseñanza religiosa en colegios públicos y su sustitución por “moral universal”.
2. Secularización de cementerios a los que se despojan de sus símbolos religiosos.
3. Exclaustración de órdenes religiosas, que abandonan edificios religiosos, porque “el celibato va contra la naturaleza humana”.

II. Medidas de corte económico:
1. Abolición de impuestos de consumo.
2. Desmonopolización de la venta de tabaco.
3. Libertad de comercio en los puertos, en los que se fueron eliminando aduanas.
4. Establecimiento de préstamos que deben ser pagados por los habitantes ricos del cantón.

III. Medidas de corte social:
1. Supresión de cualquier tratamiento especial a las instituciones (como excelentísimo, reverendísimo,…) y su sustitución por la fórmula “ciudadano”.
2. Abolición de quintas, de la pena de muerte y de la esclavitud.
3. Prohibición de los juegos de lotería en el cantón de Cádiz.
4. Creación de jurados mixtos en los cantones de Sevilla y Sanlúcar y elección de un tribunal popular para dirimir en asuntos entre patronos y obreros.

Esquema sobre el Sexenio Democrático
Los cantones no pasaron de ser una mera reforma que, queriendo ser radical, no pasó de ser leve, recogiendo algunos de los valores de la izquierda del momento: anticlericalismo, cierto antimilitarismo y búsqueda de una armonía social que encauzara las relaciones entre patronos y obreros, sin afectar por ello a la propiedad privada. La vida de los cantones fue muy breve (apenas un mes en Málaga y Cartagena), a lo que contribuyó la labor del ejército dirigido por los generales Pavía (en Andalucía) y Martínez Campos (en la costa levantina). Otros motivos que influyeron en el fracaso del cantonalismo pudieron ser:

- La falta de planificación y preparación del movimiento.
- Que fue obra de minorías fanáticas que se ganaron la animadversión de la población.
- La propia división entre los cantonalistas.

Durante varios meses la república llegaría a vivir bajo un estado de excepción, durante el gobierno de Castelar, en el que se llega incluso a cerrar el Parlamento (desde septiembre de 1.873 a enero de 1.874). Sin embargo, su más destacado éxito que fue recuperar la confianza del Ejército no impidió el clima de malestar político general que amenazaba incluso con que se restableciera el sistema federal. Ante esta situación, el capitán general de Madrid, Manuel Pavía, irrumpió en las Cortes seguido de sus soldados y llevó a cabo un golpe de estado que acabó con las Cortes Constituyentes republicanas y con el Sexenio Democrático. Ese no sería el último golpe de estado de la época, pues ese mismo año Martínez Campos llevaría a cabo otro que daría la corona a Alfonso XII.

El Sexenio Democrático: Amadeo I de Saboya y la I República
subido por maraldi40 a https://www.youtube.com


Debate sobre el Sexenio Democrático
subido por franlovillo a https://www.youtube.com

sábado, 14 de julio de 2012

El pensamiento económico en la edad moderna. - Parte 7

Esta serie de artículos está centrada en el surgimiento de una nueva forma de pensar con respecto a la economía y que es heredera directa del nuevo contexto en que se mueve la Europa del momento. Los siglos modernos alumbran un nuevo concepto del hombre y su lugar en el mundo: el humanismo y el renacimiento subrayan el papel del hombre frente al pensamiento medieval (centrado en el concepto de Dios). El cambio de mentalidad imperante y una mayor tendencia de los países europeos hacia el reforzamiento de su autoridad como garante de la solidez del estado, acentuará el aligeramiento de las férreas posturas económicas medievales que ya poco a poco estaban desapareciendo frente al nacimiento de un nuevo pensamiento económico, traído de la mano de los hombres de negocios más influyentes, los funcionarios más preocupados por el desempeño de su profesión y de otros pensadores laicos que se centran en los problemas económicos del estado.


Enlaces relacionados:
El Mercantilismo 2

 EL MERCANTILISMO: MERCANTILISMO E INTERVENCIONISMO  

La literatura económica de ese largo periodo que iría aproximadamente desde mediados del siglo XVI hasta las décadas centrales del siglo XVIII, se le conoce como mercantilismo o literatura mercantilista. Las mayores aportaciones a la obra mercantilista se dieron en países con mayor desarrollo comercial como Inglaterra, Italia o España (de forma muy residual por obra de los llamados arbitristas). Hacia 1750 podemos dar por concluida la edición de escritos, de folletos, en definitiva, de obras de contenido y de ideología mercantilista ya que en torno a esta fecha, irrumpen en el escenario de las ideas de literatura económica varias obras cuyos argumentos, ideas y doctrinas difieren de manera notable de lo que hasta entonces había predominado en el discurso económico, las ideas mercantilistas. Esas indican el fin de la literatura mercantilista y el comienzo de otros pensamientos y doctrinas como la fisiocracia (sobre todo en Francia) y el liberalismo económico (fundamentalmente en Inglaterra y Grecia). Algunas de estas obras fueron:

-   Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general de Richard Cantillon (1730)
-   Discursos políticos de David.Hume (1752).
-   Cuadro económico de François Quesnay (1758).

Hoy en día, existe un intenso debate por parte de los historiadores del pensamiento económico sobre si el concepto de mercantilis­mo, que es un término acuñado en sentido despectivo por autores de la fisiocra­cia, en verdad corresponde a un cuerpo coherente y uniforme de ideas o si engloba a una auténtica escuela de autores. Al margen de ello, lo que sí parece unir a todos estos autores mercantilistas, no fue tanto la herencia de una ideología o doctrina económica común como su filosofía de contribuir al fortalecimiento de la nación-estado de la que todos eran defensores.

A mediados del periodo moderno, en esos esta­dos nacionales que ya están consolidados desde el punto de vista polí­tico e instrumental, el poder político interviene cada vez más en todos los asuntos de la vida económica; idea apoyada por autores mercantilistas. De ahí que el mercantilismo sea sinónimo de intervencionismo económico. Esa intervención por parte del poder político en la vida económica se realiza por medio de una legis­lación reguladora, que pretende los siguientes objetivos:

-    Mediar en el proceso de desarrollo económico, aumentando la riqueza y el poder de los grupos privilegiados, es decir, de la clase mercantil o burguesía.
-    Tratando de aumentar el caudal de ingresos fiscales y no fiscales que fluye hacia el Estado desde los diversos sectores de la economía nacionalPuesto que con tales ingresos el Estado sostiene o financia el gasto público, en el que destacan dos partidas por encima de las demás:
1.- Gasto militar
2.- Gasto suntuario (de la Corte).

Únicamente una parte de la literatura mercantilista se muestra con características progresistas, la mayoría de las veces los escritos mercantilistas están interesados en una polí­tica económica que se dirige al poder al objeto de que dichas propues­tas pudiesen llevarse a la práctica, o simplemente para obtener favores económicos que beneficiasen a la clase mercantil. Las formas básicas de intervención directa en la vida económica por parte del Estado propuestas y defendidas por los autores mercantilistas serían:

1. Idear una serie de proyectos económicos más o menos autárquicos que buscan favorecer la producción nacional, tanto industrial como agrariaPara lo cual sugieren la puesta en marcha de una política proteccionista, es decir, sugieren una política de sustitución o limitación de las importaciones, al tiempo que recomienda la imposición de aranceles sobre los bienes que son motivo de importación.

2. Promover y financiar desde y por el Estado empresas mercantiles o manufacturerasHacia el tercer cuarto del siglo XVII, surgen los primeros intentos de este tipo de empresas (por ejemplo, la compañía de indias occidentales). El caso más evidente de esta política estatal lo tenemos en Francia con Colbert. Este propició una política industrial que consistió fundamentalmente en la implantación y generalización por todo el reino de Francia de diversos establecimientos fabriles sujetos a una intensa regulación estatal en materia de precios, salarios y producción y distribución. El modelo colbertista se exportó a buena parte de las economías europeas.

Jean-Baptiste Colbert, por Claude Lefèbvre (1666 aprox.) 
Fuente: Wikimedia Commons 

3. Aquellos estados que disponían de colonias en ultramar diseñaron una política económica colonialista destinada a consolidar y perpetuar el control en régimen de monopolio de todas las actividades económicas y de todo el comercio que se ejercía con esas colonias.

4.   Racionalizar el sistema fiscal y hacendístico. Eso sí, nunca significaría la búsqueda de una redistribución más equitativa y justa de los impuestos, sino introducir nuevos impuestos y mejorar la eficacia del sistema recaudatorio existente para así incrementar los ingresos del Estado.

La aplicación de todas políticas intervencionistas es precisamente la causa que propicia el florecimiento en Europa de una prolífica literatura económica mercantilista donde se recogen todo tipo de medidas concretas y que pretenden influir en legisladores, consejeros y demás individuos próximos al poder o con capacidad para influir sobre el poder. Además de la literatura escrita con esa intenciona­lidad, existe otra literatura mercantilista cuyos autores representan los intereses de grupos de presión específicos y que lo único que pretenden es obtener del poder un trato preferencial.



Eso sí, merece la pena destacar que esta abundante literatura económica que está compuesta de múltiples recomendaciones en política no parece que haya ahondado en aquellas zonas donde el proceso de unificación nacional fue muy tardío, como por ejemplo, en Alemania o en Italia. Por tanto, puede decirse que por sus propias características, esta literatura mercantilista es paralela al desarrollo del Estado-nación. Esto parece evidente si tenemos en cuenta, por ejemplo, que la idea del reforzamiento del poder estatal está vacía si no hay estado que reforzar.


 CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DEL PENSAMIENTO MERCANTILISTA

Ya hemos comentado cuándo y dónde surgen las ideas mercantilistas así como cuáles son sus objetivos o de qué forma proponen los autores mercantilistas que se apliquen sus ideas pero aún no hemos respondido a una pregunta básica:

¿Qué es el mercantilismo?

La definición clásica del mercantilismo considerado como doctrina económica se fundamenta en cinco ideas básicas que supuestamen­te estarían presentes en escritores mercantilistas si estuvieron for­mados en escuelas de pensamiento económico.

1.   Poblacionismo: Este término designa la creencia de que un Estado es más rico cuanto mayor es su población. Por consiguiente, los autores mercantilistas son claramente pronatalistas. Estas teorías son lógicas en el contexto de la Europa de los siglos XVI a XVIII, porque en ese momento se defendía que el aumento de las distintas actividades económicas era intensivo en trabajo, lo que quiere decir que los únicos aumentos de producción se conseguían a partir de la utilización de una mayor mano de obra. Por esta razón, hacían válida la ecuación a mayor población, mayor riqueza.

También, dado el bajo nivel tecnológico militar, el éxito de la guerra aún dependía sobre todo de los efectivos militares, es decir, de tener un ejército más numeroso que el del rival. En el caso español, los llamados arbitristas, (un conjunto de escritores de los siglos XVI y XVII sobre todo, que dirigieron al poder escritos donde denunciaban los males de España y proponían curar los "arbitrios") coincidían en señalar que uno de los signos más pal­pables del proceso de decadencia nacional era la recesión demográfica que se venía produciendo desde las últimas décadas del siglo XVI.

El Bucintoro regresa al Molo el día de la Ascensión, por Canaletto (1730 aprox.)
Fuente: Web Gallery of Art

2.   Bullonismo: Los mercantilistas defienden la idea del bullonismo, según la cual la riqueza de un país se mide por la cantidad de metales preciosos acumulados, o de dinero circulante en la economía. Aquellos países que no tenían acceso a las fuentes de producción de los metales preciosos (oro y plata, fundamentalmente), y que, por tanto, carecían de las minas, sólo les quedaba como opción para aumentar sus reservas de oro y plata vender su producción al exterior. Y esta es la razón que explica la tercera característica que define al mercantilismo.

3.   Defensa de la industria y del comercio: Para los mercantilistas tanto la industria como el comercio constituyen las acti­vidades más importantes. Y, por ello, deben estar protegidas estas por el Estado.

Los mercantilistas propugnan una balanza comercial favorable, fundada o basada en la llamada teoría de las ventajas absolutas. En lenguaje coloquial, teoría esta significa que cuanto más gana un país, más pierde otro. Es lo que en economía se llama suma cero, porque lo­ que gana uno es a costa del otro. Estas doctrinas nos llevan, inexorablemente, a una proposición de política comercial muy simple: “Un Estado debe vender al extranjero más que la cantidad que compra y cuanto mayor sea su grado de autarquía, tanto mejor”.

4.   Poder del Estado: Los mercantilistas persiguen como objetivo final de toda actividad económica, el fortalecimiento del Esta­do. Esta comunión de intereses entre el mercantilismo y el Estado es lo que se define como teoría de las armonías.

Sin pretender cuestionar esta definición de mercantilismo sí que conviene matizar algunas cuestiones. Primero, el mercantilismo realmente no es un cuerpo doctrinal perfectamente elabo­rado, al cual se adscriba una escuela de pensadores, porque la mayoría de los escritos mercantilistas son monotemáticos; en definitiva, son panfletos o folletos de pocas páginas que versan aspectos muy parciales sobre la economía. En su inmensa mayoría, estos panfletos versan sobre recomendaciones fiscales, sobre política monetaria, cómo incentivar la inversión en la industria manufacturera; cómo alcanzar una balanza comercial favorable, etc. Tampoco el mercantilismo, contrariamente a lo que la doctrina tradicional venía argumentando, constituye un cuerpo sistemático de ideas que, alentando al comercio, favorezcan a la clase mercantil; en todo caso, sus propuestas de una política de desarrollo económico tiene como objetivo prioritario la consolidación del Estado. Por eso, el mercantilismo en verdad es un conjunto de recetas de política económica en las cuales se explica cómo estimular el desarrollo económico o, lo que es igual, cómo se consigue el crecimiento de la economía nacional y cuál es el papel que en ese proceso desempeña el di­nero, el comercio, las producciones industrial y agraria, el Estado y las colonias.

Los Estados nacionales consideran la economía como una poderosa arma de guerra. Por lo tanto, ese argumento se traduce en lo siguiente: “Mejorar la condición económica de un Estado, inevita­blemente implicaría el deterioro en la condición del vecino”.

El mercantilismo, por Felipe Argote
profesor de la Universidad Interamericana de Panamá
subido por Felipe Argote a https://www.youtube.com

viernes, 13 de julio de 2012

Ideología y partidos políticos en la España contemporánea. - Parte 6

En los artículos referentes a este epígrafe se intentará realizar un análisis dirigido al surgimiento y evolución de los partidos políticos en España hasta la configuración actual de los mismos. En este artículo veremos como la muerte de Fernando VII marcará la polarización de las ideas políticas de la España del momento y cómo surgen los nuevos partidos políticos al abrigo de un nuevo marco histórico. Esta época está marcada por la génesis del nuevo liberalismo que gozará del apoyo de la Corona, por el enfrentamiento carlista y por la inseguridad generada por las regencias.
 LOS PARTIDOS ISABELINOS: LA UNIÓN LIBERAL 

El fracaso de la revolución de 1.854 había puesto al descubierto la inviabilidad de una solución puramente progresista. La formación de la Unión Liberal fue el resultado de la deserción de miembros de una y otra opción política. Esta formación surge a partir de 1.856, después del Bienio Progresista, cuando el general O’Donnell, que había participado en el gobierno de los progresistas a pesar de no comulgar con muchas de sus ideas, utiliza los aparatos del poder para formar otro partido que lo ayude a gobernar. La nueva fuerza política estaba inspirada por el propio general O’Donnell y el civil José de Posada Herrera.

Leopoldo O'Donnell y Joris, por Antonio Pirala (1889)
Fuente: Wikimedia Commons 

O'Donnell, de ascendencia irlandesa, se había distinguido en la primera Guerra Carlista, pero conspiró contra Espartero y tuvo que emigrar. En 1854, dirigió con otros generales la Vicalvarada, cuyo triunfo dio paso a un gobierno progresista en el que fue Ministro de Guerra y luego Presidente del Gobierno, puesto que volvería a ocupar con el nuevo partido, la Unión Liberal. 

El nuevo partido de O'Donnell se convertirá en el más importante de esta etapa isabelina. Estará compuesto por el ala izquierda del partido moderado (con políticos como Cánovas o Ríos Rosas) y por el ala derecha del progresista (como de Posada Herrera o Santa Cruz). De esta forma, se formó como el centro parlamentario. Por otro lado, se constituirá como un partido de notables, por lo que representará a las élites y, a pesar de que gobierna desde 1.858 hasta 1.863, no tendrá nunca el apoyo popular.

El primer objetivo del nuevo partido será el de hallar el difícil equilibrio entre libertad y orden, además de conciliar los diversos intereses que se habían ido enfrentando sistemáticamente en forma de poder y oposición aunque carecía de un programa propio. De hecho, O’Donnell consideraba los dogmas políticos como trabas insalvables para la buena marcha del gobierno. Por su parte, de Posada Herrera condenaba a moderados y progresistas porque cada uno trataba de imponer su propia Constitución, su propio sistema de Administración y hasta sus propios funcionarios. Creía que había que partir de las instituciones existentes para consolidarlas y hacerlas eficaces. Su eclecticismo y pragmatismo les llevaban a acoger a todos aquellos que aceptaran la dinastía y la Constitución y no fuesen contrarios en lo esencial al proyecto.

Los unionistas formaban una mayoría unida en tanto persistiese la autoridad de O’Donnell y la capacidad  de maniobra de Posada Herrera. Sin embargo, en la larga vida del gobierno de la Unión Liberal fue dejando en el trayecto a algunos de los elementos más valiosos que contribuyeron a llevarla al poder que, disconformes con ciertas decisiones caprichosas del jefe del gabinete y por incompatibilidades personales, fueron retirándole su apoyo. Estas deserciones y el desgaste del poder forzaron la dimisión de O’Donnell en 1.863.


 EL PARTIDO DEMÓCRATA

El nacimiento del partido demócrata está directamente relacionado con los actos revolucionarios de 1.848 que tuvieron una enorme influencia el devenir histórico y en la política europea. No obstante, la historiografía más reciente coincide en afirmar que los sucesos que tuvieron lugar en nuestro país no pueden encuadrarse dentro del ciclo de las revoluciones de 1.848 en el resto de Europa, aunque no deba descartarse una relación con ellas. 

La revolución de 1.848 en España se redujo, a una intentona revolucionaria abortada con rapidez por Narváez, apoyado por la policía y el ejército. La revuelta tuvo una trama conspiratoria para tratar de restablecer un gobierno progresista. Los acontecimientos desarrollados en Madrid, un mes después de la revolución en Francia que acabó con la monarquía de Luís Felipe de Orleans, fueron promovidos por el ala radical del progresismo cuyos componentes no tardarían en integrarse en el nuevo partido demócrata. Podríamos decir que el partido demócrata constituirá la extrema izquierda de la época. Formalmente nace en 1.849 y en él podremos distinguir tres tendencias:

Los progresistas disidentes entre cuyos elementos destacaban Fernando Garrido, Sixto Cámara o José María Orense.

Fernando Garrido, por Antonio Macipe Samper
Fuente: Wikimedia Commons

Los viejos republicanos que ya habían aparecido en el Trienio Liberal y que aparecen en la década de 1.840 más organizados y con una idea más clara de cuáles eran sus intereses, proponiendo como referentes dos modelos de república, basados en la de Estados Unidos o en la de Suiza, respectivamente.

También se encontraban aquí, los socialistas utópicos, que incluyen a los primeros fourieristas españoles. Éstos nacen al calor de la Revolución Industrial. En la época se creía que el ideal socialista propuesto por estos era inalcanzable, de ahí el despectivo apelativo de “utópico” por contraposición al socialismo científico, propuesto por Marx y Engels. Estas ideas son traídas a España por Abreu, que fue diputado de las Cortes y que a la vuelta de Fernando VII tuvo que exilarse a Francia, donde conoce a Fourier tras la muerte de Fernando VII. De hecho, organizarán falansterios (edificios en que, según el sistema de Fourier, habitaba cada una de las falanges en que se dividía la sociedad) donde se ponen en práctica estas ideas fourieristas.

La base social del partido es parecida a la que tenía el partido progresista en aquel entonces, e incluye a miembros de la alta burguesía, altos periodistas y clases populares.

De esta forma, el mapa político de la época se configura de la siguiente forma:



 EL FINAL DE MONARQUÍA ISABELINA

La situación política generada por el cambio de gobierno surgido con la Unión Liberal durante la última etapa entrará en crisis debido a una serie de factores como:

1. El deterioro de la situación económica, debido tanto a una crisis internacional como a otra de subsistencia provocada, sobre todo por el atraso de la agricultura española.
2. La desaparición de muchos líderes políticos que durante años habían sostenido el sistema imperante como Espartero o Narváez, con lo que la reina perderá los principales apoyos que habían garantizado su decisiva intervención en la política durante décadas.
3. La práctica del retraimiento electoral por parte de los progresistas.
4. El creciente desprestigio de la reina tras sus últimos escarceos amorosos.

La caída de O’Donnell en 1.863 dio paso de nuevo al gobierno de los moderados, que se alternaron en el poder con los unionistas hasta 1.868. Esta danza continua de gobiernos representaba un intento de crear un sistema bipartidista, alentado por la reina madre María Cristina, no podía prosperar por las persistencia de facciones irreconciliables y por los cabildeos palaciegos, que seguían ejerciendo una sustancial influencia en la vida política.

En el Pacto de Ostende (1.866), firmado entre otros por Prim, Sagasta, Pierrad y Ruiz Zorrilla, progresistas y demócratas se muestran de acuerdo en derrocar la monarquía y acuerdan la caída del régimen. La consigna era “destruir todo lo existente en las esferas de poder”, de forma que los días 17 y 18 de septiembre, la flota de la Bahía de Cádiz inicia un pronunciamiento que triunfaría en su propósito de destronar a la dinastía de los Borbón. 

Reinado de Isabel II
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Crisis y hundimiento del reinado de Isabel II
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Esquema sobre el régimen liberal isabelino en la época: